domingo

La pobreza

Por Gabriel Boragina ©

La pobreza. 1

1. Introducción 1

2. Tres falacias. 1

3. Breve refutación. 2

4. Crecimiento y desarrollo. 3

5. Capitalización. 3

1. Introducción

Cuando afirmamos que la pobreza es la condición natural del hombre, en modo alguno ello implica, a su vez, como algún malintencionado tergiversador ha dicho, que debamos resignarnos a esa suerte. Como liberal capitalista, considero que la pobreza es un mal y que debe erradicarse, para lo cual deben utilizarse los medios idóneos para ello, ya que no cualquier mecanismo ideado por el hombre resulta eficaz para erradicar la pobreza en el mundo.

A pesar de que todo el mundo cree saber que es la pobreza, lo cierto es que, las explicaciones, discursos, conferencias y lecturas que profusamente circulan sobre el tema, demuestran, mayoritariamente, que si bien todo el mundo habla y condena la pobreza, sorprende, a la vez, el hecho de que tan pocos, de los que hablan y condenan, sepan realmente que es y en qué consiste la pobreza.

Naturalmente, si no se conoce el problema a fondo, de ningún modo podrán proponerse soluciones de fondo, y es esto lo que se advierte, con alarmante frecuencia, en la mayor parte de las exposiciones que pueden leerse y escucharse sobre la pobreza.

Un criterio simple para definir la pobreza es por exclusión, la pobreza es ausencia de riqueza, y esta es una verdad que, como la gran mayoría de las verdades simples, o de sentido común, no son percibidas por el hombre. De allí, que se haya repetido que el sentido común, es a veces, el menos común de los sentidos, quizás por la manía humana de problematizar absolutamente todo asunto social.

2. Tres falacias

Pero aun admitiendo que se acepte la anterior definición de pobreza, el mayor obstáculo que advierto para poder solucionar este problema es la admisión de varias falacias económicas que se alzan como barreras infranqueables para un adecuado estudio de la pobreza y su solución. Tres de estas falacias saltan a la vista como las más dañinas, la primera es el Dogma Montaigne, la segunda es la falaz distinción entre producción y distribución, y la tercera es la aceptación de la teoría del valor-trabajo, también conocida como teoría laboral del valor. Estos gravísimos errores económicos no son percibidos como tales, sino todo lo contrario, y es, en gran parte, lo que ha impedido avances productivos en la lucha contra la pobreza.

El dogma de Montaigne se resume en su célebre fórmula, por la cual "la pobreza de los pobres es consecuencia de la riqueza de lo ricos". Su gazapo reside en su visión estática de la economía, centrándose en el lado monetario de la transacción, Montaigne fue un destacado mercantilista del siglo XV, y como se sabe, los mercantilistas solo consideraban "riqueza" al dinero, en aquella época, metálico. Aquí residía precisamente el error, porque el dinero no es riqueza, sino tan solo un medio de cambio, representando la riqueza, pero no confundiéndose con ella. La verdadera riqueza reside en los bienes y servicios producidos en el mercado. El dinero, simplemente, es un medio para intercambiarlos.[1]

De la falacia producción-distribución como fenómenos separados ya hemos hablado otras veces, y como señaló reiteradamente el profesor Benegas Lynch (h) este error partió de la distinción formulada por el economista inglés John Stuart Mill en el siglo XVIII, al sugerir que producción y distribución consistían en fenómenos aislados, separados y separables, dados en tiempos diferentes. La moderna economía austriaca evidenció que esto en modo alguno era así, sino que, producción y distribución son dos fenómenos inseparables e indivisibles, como las dos caras de la moneda, y que no son tampoco sucesivos en el tiempo, sino simultáneos.

La tercer teoría destructiva es la teoría laboral del valor, su formulación ya se encuentra en los trabajos de los célebres economistas clásicos Adam Smith y David Ricardo y su consagración tiene lugar con Karl Marx, que la toma de aquellos y hace de ella la columna vertebral de su propuesta: el comunismo socialista. Esta errónea tesis, afirma que el valor económico de todo bien producido en el mercado, procede del trabajo, lo que fue refutado por los economistas marginalistas ya en 1871 con los trabajos de Carl Menger, fundador de la escuela austriaca de economía, no obstante, la demolición final de la teoría laboral del valor, llegó de la mano de uno de sus más brillantes discípulos, Eugen E. von Böhm Bawerk. Modernamente, si bien ya casi no quedan escuelas económicas que sostengan la validez de esta teoría laboral del valor, su difusión fue tan enorme, que aun hoy, es implícitamente aceptada por las legislaciones de casi todo el mundo, además de encontrarse profundamente arraigada en la conciencia popular.

La vigencia y amplia aceptación de estas tres tesis y sus desarrollos y ramificaciones posteriores, son a mi modo de ver, los obstáculos más grandes que impiden la erradicación de la pobreza en el mundo. Las he presentado cronológicamente en orden de aparición, y sin duda, el marxismo es la coronación de las tres teorías, en efecto, el marxismo (y su derivado el socialismo comunista) como doctrina, no hubiera sido jamás posible de no haberse aceptado las tres formulaciones precedentes, a saber el Dogma Montaigne, la falacia producción /distribución y la teoría laboral del valor. De alguna manera, el socialismo es la consecuencia lógica del mercantilismo, el re-distribucionismo de Mill, y de la teoría laboral del valor de Smith y Ricardo, ya que adopta sin cuestionar ni revisar, a todas ellas, todas falsas, como la moderna ciencia económica ha demostrado cabalmente.

3. Breve refutación

En efecto, la riqueza no es estática sino dinámica, siempre tiene dos aspectos y no uno como creía Montaigne, producción y distribución no son dos fenómenos separados sino un fenómeno único, y por ultimo, el trabajo no crea valor, sino que ocurre exactamente a la inversa: el valor crea trabajo. Es no comprender estos descubrimientos de la economía moderna y seguirse aferrando a la antigua, lo que perpetua la pobreza en el mundo, y de ello, son tan culpables los académicos que aun propalan las antiguas y falsas doctrinas, como los intelectuales y dirigentes que por ignorancia o mala fe se sirven de ellas con fines inconfesables.

Mas, es importante aquí aclarar que la riqueza, la producción, la distribución y el valor, se comportan de la manera descripta bajo ciertas condiciones a saber: mercados libres e inadulterados, en mercados intervenidos, la riqueza, la producción y el valor se alteran y tienden a desaparecer, en la medida que la intervención en el mercado sea mayor, o más claramente, en la medida que el mercado sea con mayor grado interferido.

Resumiendo, estas falacias solo son falacias en una contexto libre de coacción, mas se tornan verdaderas cuando el contexto está coaccionado y es coercitivo.

Hay excelentes refutaciones más exhaustivas que esta, pero desarrollarlas aquí excedería el propósito de este breve resumen del tema.

4. Crecimiento y desarrollo

Si bien crecimiento y desarrollo son dos conceptos diferentes (aunque a menudo se los trata como sinónimos) no son excluyentes, pueden ir juntos o por separado, la diferencia radica -a mi juicio- en que, en tanto crecimiento es un concepto cuantitativo, el desarrollo es cualitativo, otra forma aceptable de marcar diferencias –aunque menos clara que la primera- es señalar que el crecimiento de ciertas variables económicas importan un desarrollo en su conjunto, en este sentido, el desarrollo sería abarcativo y comprensivo del crecimiento de las partes, pero en ultima instancia sería pasible de la critica por la cual crecimiento y desarrollo serian en este sentido, sinónimos.

En lo que a mí respecta, cuando hable de crecimiento lo haré en un sentido puramente cuantitativo, y cuando me refiera al desarrollo lo haré en el cualitativo, y como ya aclaré antes, en mi opinión, pueden ir juntos o bien separados. Y esta distinción me parece más fundamental todavía en el tema de la pobreza, donde se ve mas claro aun, por ello sostengo que si bien la pobreza puede crecer no se puede desarrollar, justamente por la diferencia que hago entre el carácter cuantitativo del crecimiento y el cualitativo del desarrollo. El desarrollo sería un indicador claro de un decrecimiento de la pobreza, en tanto un crecimiento de la pobreza estaría señalando un retroceso, subdesarrollo o infra-desarrollo, mas preciso aun, es asociar la palabra desarrollo con progreso, mas decir que un mayor desarrollo indicaría un menor crecimiento o decrecimiento de la pobreza no nos dice mucho sobre la manera de lograr dicho desarrollo porque con ello en realidad estamos indicando mas los efectos de los fenómenos que las causas de ellos.

5. Capitalización.

Condiciones sine qua non para el desarrollo de cualquier unidad económica, son el ahorro y la inversión, entendiendo por ahorro "producción no consumida" con lo que advertimos que, en rigor, el primer paso a dar en cualquier economía que se precie de sana, es el incremento de la producción. Mas allá de distinciones técnicas y contables, praxeológicamente, el capital son herramientas físicas o mentales, aunque en precisión y como señalara en forma brillante el profesor Ludwig von Mises, es la mente en ultima instancia, la creadora del capital físico, razón por la cual, he sostenido, que debería considerarse a la mente humana como capital originario, y todas las demás creaciones materiales humanas como capital derivado. La pobreza, se reduce en consecuencia, y en mi opinión, cuando el capital originario (mente humana) produce capital derivado, herramientas primero y en segundo lugar tecnología, que no viene a ser ninguna otra cosa que herramientas de mayor sofisticación, esta criterio tiene bastantes puntos de contacto con el del profesor español Dr. D. Juan Carlos Martínez Coll, desarrollada en su libro "Las Flechas" si bien el Dr. M. Coll la reduce a información.

Basado en lo dicho, designaré a la acumulación de bienes de capital con la palabra capitalización. Mas, se preguntará quizás el lector algo ajeno a estos temas económicos, ¿qué tendrá que ver la capitalización con la pobreza?. Pues la respuesta es que TODO, ya que la pobreza es -precisamente- un fuerte indicador de ausencia o falta de capitalización, de donde se desprende que la solución al problema de la pobreza es, precisamente, la capitalización, o en otras palabras, la pobreza solo puede combatirse eficazmente con una prolongada, creciente y sostenida capitalización.

Pero ¿por qué es importante la capitalización para combatir la pobreza? Por la sencilla razón de que la única manera de producir abundantes bienes de consumo es mediante la existencia de los apropiados y abundantes bienes de capital, y la pobreza se caracteriza por la falta de bienes de consumo que a su vez es indicador de falta de bienes de capital, resumiendo, para tener mas consumo (igual a menor pobreza) es imprescindible disponer de mayores capitales, de donde podemos construir la siguiente ecuación:

DK ®DC = ÑP

(Incremento del Capital implica Incremento del Consumo, todo lo cual es igual a Menor Pobreza)

Recordemos que esto es exactamente lo contrario a la formulación keynesiana, donde:

DC ®DK = ÑP

lo que necesariamente es falso, ya que el consumo jamás puede producir bienes de capital, toda vez que no se puede consumir lo que jamás ha sido producido.

La realidad es la inversa, por cuanto:

DC ®ÑK = DP

En otras palabras, si lo que se dice es, que a mayor consumo el capital crece, se esta partiendo del supuesto –necesariamente- que existe, ex ante, un stock de bienes de consumo, obviándose que este stock de bienes de consumo, debió haber sido producido en un momento anterior por bienes de capital, en otras palabras, aceptar la formulación keynesiana es poner el carro delante del caballo. Aquí el error keynesiano a mi juicio, es confundir consumo con demanda.

Otro error no menor, es confundir capital con bienes de capital, lo correcto es formular las distinciones adecuadas y así clarificar que, cuando hablamos de capital, nos referimos al stock de bienes existentes en un sector, región o país determinados, en la acepción amplia de la palabra capital, comprendemos tanto bienes de consumo como bienes de capital propiamente dichos, por lo que es mas preciso, denominar a estos últimos como bienes de producción o mejor aun, factores de producción, reservando la palabra capital para el conjunto total de bienes.

Sentado esto, la propuesta keynesiana vuelve a ser falaz, porque el mayor consumo no incrementa el capital, sino que, por el contrario, lo decrementa, y esto se debe –nuevamente- a la confusión que hacen los keynesianos entre demanda y consumo, que no son en modo alguno sinónimos.


[1] Ampliar este tema en Mises Ludwig von, La acción humana. Un tratado de economía. 1980, Unión Editorial, Madrid, y Alberto Benegas Lynch (h), Fundamentos de análisis económico. Ed. Abeledo Perrot, 9º edición. Buenos Aires.