sábado

Argentina

La crisis como respuesta

Por Gabriel Boragina ©

Ya se dijo lo suficiente acerca de cómo los gobiernos siempre son los causantes de todas las crisis económicas[1]. Básicamente, el proceso de las crisis económicas se puede describir de acuerdo al siguiente esquema:

1.       El gobierno ataca a la sociedad civil mediante regulaciones económicas.

2.       La sociedad civil responde el ataque defendiéndose contra 1.

3.       La combinación de 1 y 2 agrava la crisis, hasta un punto en donde 2 triunfa, no sin antes haber sufrido terribles pérdidas, es decir, a un costo muy alto, tan alto como la gravedad de la crisis suponga.

En cuanto al punto 1 hemos aludido al efecto de lo que en economía llamamos intervencionismo, de manera tal que, poco cuenta -a los fines económicos- que dicha intervención gubernamental haya sido con las más loable de las intenciones. La economía demuestra en forma inexorable[2] que los resultados de toda intervención gubernamental en el entramado económico de la sociedad civil, siempre produce –idénticamente- los mismos resultados, consecuencias que -también en la nomenclatura económica- se resumen con la misma palabra : crisis.

Como dijimos antes, sobre el punto 1 ya se explicó lo suficiente y hay sobrada bibliografía que lo ilustra. Aquí vamos a suponer que el lector conoce el contenido de esa bibliografía y nos vamos a abocar a analizar sucintamente los puntos subsiguientes (2 y 3) con especial énfasis en el punto 2, contestando a la pregunta ¿de qué modo la sociedad civil responde a dicho ataque y se defiende contra 1?

Las crisis económicas se manifiestan a través de muchísimos efectos en la sociedad civil que, a su vez, podemos englobar en dos grandes grupos: efectos principales y secundarios. Uno de tales resultados demostrativos del estado de crisis económica es la inflación, fenómeno económico este que se ha definido de muchas maneras diversas, por muchos autores, pero que, a nuestros efectos podemos –en un lenguaje llano- decir que se traduce en un enriquecimiento del gobierno cuando este tiene el monopolio de la emisión de moneda. Simplemente, para obtener mayores riquezas fabrica (emite, en economía) el dinero que necesita para sufragar sus gastos que reciben el nombre de gastos públicos. Este enriquecimiento del gobierno, mediante la emisión ocasiona un congruo empobrecimiento de quienes reciben -más tarde- el dinero envilecido, ya que la mayor masa monetaria, al depreciar el dinero, causa que los precios de los bienes y servicios sean mayores, lo que a su turno, implica que la sociedad civil se empobrece, a causa de la sociedad política.

Cuando la gente ve que esto sucede, su primer reacción es defenderse tratándose de desprender, lo más pronto posible, del dinero depreciado, para lo cual recurre a dos vías de escape: la primer tendencia es a comprar bienes y servicios, antes de que sus precios aumenten más, y la segunda es refugiarse en otra moneda de valor más estable, lo que en la jerga económica se conoce como inversión en moneda fuerte. Lo que determina cual de las dos salidas es la que elegirá la gente depende del estado general de la economía al momento de producirse el impacto inflacionario. En un contexto como el argentino actual, bajo el gobierno Kirchner, la producción de bienes y servicios ha sido prácticamente destruida, mediante sendos ataques a la misma producción e inversión, lo que ocasiona que el stock de bienes y servicios a disposición de la gente sea muchísimo menor, mes a mes, semana a semana, y en menor grado, día a día. Este último fenómeno hace que sea inviable a la gente refugiarse en bienes tangibles, cuyos precios se han disparado por un doble efecto: primero por la reducción de los stocks y segundo por el impacto inflacionario, lo que multiplica sus precios y hace prácticamente imposible a la gente consumir, siquiera en los bienes más elementales.

Esto hace que la gente recurra al segundo camino para escapar de la inflación: la compra de divisas, en el caso argentino, la divisa fuerte fue y es el dólar. A su turno, los que tienen posibilidades para ello, refuerzan los mecanismos de seguridad de su patrimonio, invirtiendo los dólares adquiridos en empresas o instituciones bancarias del exterior. Esta salida masiva de divisas, claramente observable en el caso argentino, debería hacer -siguiendo la ley de la oferta y la demanda (utilidad marginal mediante)- que los precios bajaran. Sin embargo, este efecto no se observa, lo que da a las claras señales de lo que se conoce como estanflación (del inglés stagflation) que en líneas generales resulta de la combinación de dos fenómenos macroeconómicos: estancamiento por un lado e inflación por el otro, pero esta vez mezclados. El estancamiento se puede resumir como la paralización de la actividad productiva y del comercio, ya que el segundo depende de la primera, ello hace que la demanda tienda a crecer hacia el infinito, se liquidan las pocas existencias disponibles, los precios ascienden astronómicamente, todo lo cual, sumados a otros factores económicos -que serian sumamente extensos desarrollar aquí- hace que la crisis se acentúe en forma exponencial.

En el caso que apuntamos observamos cómo, al tratar de defenderse (legítimamente) de la crisis provocada por el gobierno, la gente -con su actuar- profundiza dicha crisis, pero como las crisis no son perpetuas, la espiral critica crecerá hasta el punto en el cual la crisis estalla políticamente y el gobierno cae desplomado por efecto de su propia crisis, alimentada y repotenciada por la sociedad civil atacada. De este modo, se advierte como las crisis económicas pueden ser analizadas desde dos puntos de vista que, resumidamente, podemos clasificar como el efecto que podemos llamar provocador (del gobierno) y el efecto que podríamos denominar de respuesta defensiva (de la gente, es decir los gobernados).

Naturalmente, en el ínterin ambos grupos se culpan recíprocamente de la crisis, pero si recordamos lo estudiado en la bibliografía sobre la primera causa de toda crisis, resulta indudable que la razón asiste a la gente agredida y no al gobierno agresor.

Gabriel Boragina es autor –entre otros- de los siguientes libros: La Credulidad, La Democracia, Socialismo y Capitalismo , Apuntes sobre filosofía política y económica, etc.

 



[1] Al respecto, véase la bibliografía recomendada en http://www.accionhumana.com/bibliografia.htm

 

[2] Véase nuevamente la bibliografía de la nota anterior.

miércoles

Monopolios

El poder de los grupos económicos.

Por Gabriel Boragina

 

Mucho se ha hablado y escrito acerca del " poder" de los llamados "grandes grupos económicos", generalmente descriptos como una "amenaza" para los pobres, y -en algunos casos- como instrumentos de pobreza. Este temor, en parte, está justificado si tenemos en cuenta que los grupos económicos más grandes del mundo son los gobiernos nacionales y organismos gubernamentales internacionales.

Los grupos económicos estatales o gubernamentales son los más poderosos del mundo por algunas de las siguientes razones:

 

1.   Los gobiernos son los únicos grupos de personas que pueden crear dinero de la nada o -mejor dicho- simplemente, imprimiendo billetes (papel moneda) o moneda en metálico. O bien, abriendo cuentas bancarias con fondos inexistentes, para girarlo en descubierto (generalmente en forma de subsidios).

2.   Son los únicos que pueden crear leyes obligando al resto del mundo a usar dichos papelitos, o las anotaciones bancarias mencionadas, como si fueran dinero.

3.   Son los únicos que pueden fijar (también mediante leyes) el valor del papel moneda y variarlo o modificarlo a su antojo o conveniencia políticos.

4.   Son los únicos que pueden crear bancos centrales o reservas federales para dicho fin.

5.   Son los únicos que -además de todos estos instrumentos de gran poder- pueden, crear e imponer otros tributos, gravámenes y gabelas a empresas y personas particulares.

 

Resumiendo: solo los gobiernos pueden crear dinero y -además- fijar su valor. Ningún grupo, empresa o persona privados -por enorme que sea- tiene ese poder que tienen los gobiernos. Ni Microsoft, ni la IBM, ni la General Motors, la Ford, Rockefeller, ni la Coca Cola, etc... por separado o todos juntos, ninguno -repetimos- tienen un poder semejante al de los gobiernos del mundo. Porque ninguno de ellos puede hacer ni obligar a hacer ni uno de los cinco puntos que hemos enumerado arriba. De donde se deduce con facilidad quién tiene el control de una economía en un sistema intervencionista como en el que nos encontramos.

Seguramente alguno me dirá que las grandes compañías multinacionales tienen mucho, muchísimo dinero. Y responderé que, puede ser que sea así, pero por muchos millones, trillones o cuatrillones de dólares que tengan en sus cuentas, de todos modos, ese dinero es dinero creado por el gobierno de ese país (cualquier país que sea, EEUU o cualquiera. Lo mismo da para el caso), lo que significa que el dueño de ese dinero es el gobierno, porque es el único que puede crearlo y el único legalmente habilitado para ponerlo o quitarlo de la circulación monetaria, propiedad dineraria gubernamental que se refuerza, al considerar que solo los gobiernos pueden modificar el valor de ese dinero, con -simplemente- dictar una ley, un decreto, reglamento o una ordenanza. Por ejemplo, si el gobierno de EEUU decide hoy devaluar el dólar, esto significa que a partir de este momento todas las grandes compañías multinacionales que poseen dólares van a perder dinero, aun conservando la misma cantidad de billetes o de cuentas bancarias.

Ninguna gran compañía multinacional puede evitar esto, porque no puede modificar el valor del dinero[1]. Lo único que puede hacer es pedir a su gobierno que lo haga (o no), pero si el gobierno se niega, no tiene la gran empresa más que hacer, ha fracasado y no puede revertir esa decisión. Ellos no pueden "comprar" gobiernos con dinero propiedad de los gobiernos y creado por los gobiernos. El mito de que los gobiernos "se venden por dinero" es uno de los más absurdos que jamás haya existido en la economía y demuestra que ni siquiera se razona con lógica, cuando se habla de "gobierno títeres”. Los gobiernos pueden ser "títeres" de otros gobiernos, y –efectivamente- esto existe, pero ningún gobierno jamás fue, ni pudo ser, títere de una o más de una empresa multinacional, plurinacional o internacional por muy grande que esa empresa sea o haya sido. La experiencia más elemental ha demostrado y sigue demostrando que los gobiernos pueden comprar empresas al precio que quieran (lo que en la jerga política y económica se llama estatización o nacionalización de empresas) pero nunca puede ser a la inversa, a saber: ninguna empresa -o millones de ellas- pueden "comprar" gobiernos, porque para hacerlo, deberían usar el mismo dinero de los gobiernos y nadie puede comprar algo con lo que no ha creado ni le pertenece, más allá de lo que el gobierno le permita. O dicho más simple: nadie puede comprar a otro con lo que es propiedad de ese otro. Si yo -hipotéticamente- quisiera comprar la casa del lector, no puedo ofrecerle en pago la propia casa del lector. En el caso del dinero, el gobierno es fabricante y propietario de todo el que circula en un país. Esta propiedad y monopolio exclusivo (aunque, en rigor, todo monopolio es exclusivo) sobre dicha propiedad de fabricación de papel moneda, le otorga automáticamente un absoluto poder de compra sobre todo lo que existe dentro de las fronteras de dicho país, lo que incluye empresas, corporaciones, grupos (cualquiera sea su tamaño y patrimonio) y por supuesto (y con más razón) personas. Cuando un gobierno absorbe todas las actividades económicas sin exclusión, estamos frente a lo que se conoce como un estado comunista. Cuando solo lo hace en parte, en economía se habla de intervencionismo o estado intervencionista. La historia del mundo es ejemplo de ambos sistemas en diferentes épocas y lugares. Sus casos son demasiados amplios como para ser tratados aquí en detalle. Seguiremos, pues, con las nociones generales sobre el tema.

Como todos estamos obligados a comprar, vender, cobrar nuestro salario, en fin, todo trato comercial, con dinero fabricado por el gobierno y de propiedad del gobierno, eso significa que nuestra vida económica es propiedad del gobierno, total o parcialmente. Todo lo cual demuestra que no nos "dominan" las multinacionales. Nos dominan nuestros propios gobiernos, que son más grandes y poderosos que todas las multinacionales unidas, conforme se explicó arriba. A quien lo niegue, lo desafío a que en este acto saque un billete de su bolsillo y lea lo que allí dice. En el papel moneda que usa, (sea del país que fuera) figuran los datos del fabricante y propietario de ese billete. Seguramente dirá algo así como "Banco Central del gobierno (o del Estado de... nombre del país)" nunca he visto ningún billete ni moneda que dijera por ejemplo "el banco central de Microsoft" o "el banco central de Coca-Cola", etc... Siempre he visto en todos los billetes y monedas el nombre del banco central y el del país al que pertenece ese banco central.

En este punto alguien podría objetar que, sin embargo, una multinacional de -por ejemplo- EEUU (el caso favorito de los marxistas que defienden la tesis opuesta a la mía) podría "comprar" al gobierno de un país subdesarrollado o del tercer mundo. Es bastante dudoso que una corporación norteamericana sola pudiera hacerlo, pero sería más probable en el caso de un oligopolio entre ellas. Bien si, esto es teóricamente posible pero, ¿para qué querría una multinacional -o un conjunto de ellas- hacer algo así? ¿cuál sería su ganancia o beneficio en ello? Una empresa (cualquier empresa en rigor) quiere ganar dinero por sobre todas las cosas y para hacerlo, debe invertir en aquellos lugares donde pueda ganar más dinero que en otros. ¿cuánto dinero podría ganar una gran multinacional invirtiendo en un país subdesarrollado? La respuesta es obvia: mucho menos que el que podría ganar invirtiendo en un país rico. Sin embargo, hay tanta ignorancia general acerca de qué es y cómo funciona un mercado que esto no se ve con la claridad que tiene. Con lo cual, la típica objeción queda refutada. Solo un empresario torpe, pero muy tardo, sobornaría al gobierno de un país pobre (o algo más pobre que su país de origen) para poder vender allí sus productos. Sería esta una típica "inversión" a pérdida. Porque es típico de un empresario torpe, invertir más para ganar menos, cosa que -a menos que este loco-, jamás haría en forma voluntaria. Y esta sería la situación del repetido ejemplo (absurdo) de "enormes pulpos" extranjeros "comprando" gobiernos de países pobres. Jamás se dio esta situación, y no podría darse nunca, excepto -como dejamos dicho- en los casos de empresarios extranjeros mostrencos, que los hay como en cualquier parte del mundo, pero que no son los que abundan, precisamente. Pero cuando hicieron cosa semejante no duraron mucho tiempo en los países donde intentaron "invertir". Por otro lado, esta conducta del empresario tendría algún sentido solamente en aquellos países donde estuvieran prohibidas o severamente limitadas las inversiones extranjeras. Y en países así, normalmente, la pobreza es mayor que en los demás países, con lo que cual, para cualquier empresario mediocre sería doblemente torpe sobornar a todo un gobierno para que le den permiso a invertir en un país donde la gente no tiene poder de compra, debido precisamente a su pobreza. Alguien dirá a esto, pero obtendrá "ventajas" no pagando impuestos allí. Es posible, pero ¿por cuánto tiempo? No mucho. Es fácil hacer el cálculo que lo que ahorre en impuestos lo perderá en aumento de stock por muy pocas o inexistentes ventas. Stock que -además- crecerá con el tiempo. Mi respuesta es la misma: ¿alguien puede decir que existe mayor "ventaja" que ganar dinero y no perderlo en el largo plazo?

Si ahorra -pongamos por caso- 10 millones en impuestos y su stock inmovilizado (por ausencia de ventas) es de 12 millones, habrá tenido una pérdida neta de 2 millones. Y esto sin considerar el posible dinero empleado en inversiones. ¿qué clase de " poder económico" sería este?

Siguiendo con la falsa hipótesis de corporaciones que "invierten" en países subdesarrollados o pobres, ¿en qué o de qué modo les podría importar a la Shell, Microsoft, Coca-Cola, IBM, Ford, GM, GE, CITIBANK, etc. etc. etc. tener el "poder político" del país X, cuando nadie o muy pocos en ese país tendrían poder de compra para adquirir ninguno de sus productos? Esas empresas se crearon para ganar dinero, no para perderlo, y sería perderlo de la manera más absurda la de sobornar a gobiernos tercermundistas, subdesarrollados, en vías de desarrollo o como quiera llamárselos, para obtener puramente pérdidas monetarias y económicas.

Si el lector tuviera un buen capital y quisiera abrir un negocio ¿dónde se le ocurre que le sería más provechoso instalarlo? ¿en un barrio muy pobre como una "villa miseria" o en un barrio muy rico? ¿donde se le ocurre que tendría más ventas? ¿abriría el amigo lector -si tuviera el capital necesario para hacerlo- un enorme supermercado en medio del desierto? Bien, la respuesta es obvia ¿verdad? Seguro. Simplemente, sucede que, el gran empresario, el multimillonario, razona de la misma manera para sus negocios, para lo cual lo primero que tiene que aplicar es lógica, lógica pura. O dicho en palabras más sencillas: los negocios grandes van a mercados grandes (donde hay mucho poder de compra) y no a los mercados chicos (con poco o nulo poder de compra). Y, desde luego, donde no hay mercados no hay negocios posibles de ningún tamaño.

Alguien podría objetar a esto que hay empresas muy grandes que invierten en países pobres. entonces según mis tesis ¿adolecerían al hacerlo de un comportamiento irracional? No, claro que no. Pero el caso de las grandes empresas que invierten en países pobres reconoce dos causas posibles a saber:

1.       Si bien se tratan de países pobres, tienen -institucionalmente- economías relativamente libres, con pocas regulaciones, razonable seguridad jurídica y respeto a la propiedad privada. Lo que significa que la empresa que estudia una potencial inversión allí, puede esperar -en forma sensata- oportunidades de ganancia si la economía del país en miras, crece. O bien...

2.       Se tratan de países donde no existe nada de eso (o muy poco), pero los gobiernos suelen otorgar grandes sumas de dinero en subsidios a las inversiones extranjeras.

No hay una tercera razón por la cual una gran corporación económica quiera invertir en un país en vías de desarrollo, subdesarrollado o directamente pobre, más que estas dos. Aun así, hay que aclarar que la experiencia demuestra que las grandes corporaciones, -sea en cualquiera de los dos casos- no invierten jamás un volumen de dinero ni igual ni superior al que invierten en países ricos o desarrollados. Y esto sí, es un comportamiento racional en la gran corporación. Los países ricos o desarrollados lo son -en gran medida- porque el riesgo que se corre allí en los negocios es menor, ya que cualquiera sea la inversión, siempre existe alguna posibilidad de rédito. De mas esta decir que el caso más frecuente que la historia económica nos muestra es del número dos, y son rarísimos los del numero uno.

Y si el poder político no sirviera para obtener poder económico, ¿de qué manera les podría interesar a esas grandes empresas obtener poder político?

El poder político sirve para obtener poder económico, pero nunca al revés. Y -naturalmente- muchas empresas, corporaciones, y personas individuales están interesadas en obtener poder político, pero el problema es que no es tan simple conseguirlo y existe una enorme competencia por él. Y no se llega al poder político a través del dinero, sino a través de los votos de la ciudadanía o de su apoyo, formal o informal, como tantas veces hemos explicado.

Si esto no fuera así, siempre gobernarían los ricos en todas partes del mundo y en todas las épocas de la historia, y siempre serían los mismos y no necesitarían llamar a elecciones. S el dinero diera por si mismos poder político, los gobiernos de facto también siempre serían los mismos y nunca hubiera caído ninguno. Simplemente les bastaría a los dictadores sobornar a los conspiradores con dinero suficiente para sofocar cualquier posible intento de rebelión. Sin embargo la historia del mundo es la historia de las rebeliones, de las revoluciones, de las conspiraciones victoriosas. La historia del mundo nos muestra eso, y no nos muestra ninguna historia de corporaciones privadas gobernando desde siempre y para siempre. Lo que si muestra -muchas veces- la historia pasada y presente, es que muchas personas pobres de clase media que llegaron a gobernar salieron ricos de ese gobierno al final de su mandato. Latinoamérica es un buen ejemplo de ello.

Otra objeción posible sería la siguiente: " las grandes corporaciones privadas compran a los gobiernos no para invertir sino para que los gobiernos cobren impuestos al pueblo y lo entreguen a las corporaciones multinacionales”. Se trata de un típico slogan de la izquierda, que no es más que otro absurdo, muy fácil de rebatir con unos sencillos cálculos que cualquiera (menos un marxista) podrá entender.

Supongamos que el ingreso del país Z es de 100 M (con todos los ceros a la derecha que el lector desee) y que el gobierno de Z cobra un total de 90 M en impuestos. Eso significa que a la gente le quedarían 10 M de ingreso. Ahora bien, supongamos que aterriza en Z una de esas "malvadas, despiadadas y perversas" (al decir de la izquierda) multinacionales que quiere "adueñarse" de ese país. Para hacerlo, debería pagarle al gobierno de ese país más de lo que el gobierno ya está cobrándole al pueblo en impuestos, o sea, ofrecerle -por ejemplo- 95 M a cambio de lo cual el gobierno le entregaría a dicha multinacional el total de la recaudación fiscal de 90 M ¿cuál sería la "ganancia" de la multinacional o el "espectacular negocio" que estaría haciendo? Ninguno, -claro está- porque estaría perdiendo 5 M (más todos los ceros o cifras a la derecha de 5 M que haya puesto antes el lector) los que podría intentar " recuperar" vendiéndole al pueblo su producto por 6 M, pero la gente no va aceptar seguir viendo reducido su ingreso de 10 M a 4 M. la empresa no podría vender su producto por 6 M, ni aunque consiga un monopolio de su producto. Pero aun así pudiera venderles a todos los habitantes de Z sus productos por 6 M, su ganancia final sería 1 M, es decir, una clara operación ruinosa que ningún empresario inteligente emprendería jamás. En otros términos, es bueno que nos preguntemos ahora: ¿el lector invertiría 95 para ganar 1? No sé que responderá el lector, pero yo ni loco harían una cosa así (si tuviera 95 M para invertir, claro). Y no creo que ningún empresario " súper-poderoso" de la mayor corporación económica del mundo hiciera semejante locura.

Pero hay algo más para decir al respecto, y es que el gobierno de Z no va a esperar a que ninguna corporación multinacional de ninguna parte del mundo llegue -milagrosa o imprevistamente- a su país para arrebatarle 95 M a su población. Me viene la mente al explicar este tema aquel dicho que reza algo parecido a esto: "No robe. Al Estado no le gusta la competencia". Nunca más a propósito de lo que decimos. No le quepa duda al lector que el gobierno se le adelantará -a cualquier corporación multinacional o lo que fuere- y aumentará los impuestos hasta donde le sea posible para exprimir a la gente de la mayor y mejor (o peor había que decir, en rigor) manera posible a favor de ese gobierno, por supuesto. Con lo cual, a ninguna corporación multinacional le va a quedar ya ningún margen como para poder "comprar" a ningún gobierno. Advierta el lector que hasta ahora, solamente estamos aplicando lógica, pura lógica. La lógica que indica que nadie da más para recibir menos. Algo que hasta un niño puede entender con claridad.

Por lo demás, adviértase que el gobierno obtiene 90 M o 95 M o 96 M o 100 M, etc... sin ninguna clase de inversión. Solo le basta dictar una ley, un decreto, un reglamento, una ordenanza, un bando, etc. que fije la cantidad a cobrar... y listo. Los gobiernos son las únicas corporaciones que, sin inversión de ninguna clase (bueno, excepto el papel y la tinta de la ley o del decreto donde se publiquen, que también los cobra en los impuestos, obviamente) obtienen las ganancias que desean. O casi las que de desean. Su límite será la producción total de la economía. Por ejemplo, si el PBI del país Z es de 100 M los impuestos nunca podrán ser de -por ej.- de 120 M, y esta realidad económica no la pueden modificar ni los gobiernos ni todas las multinacionales del planeta juntos.

Por donde se lo mire, el "argumento" de los gobiernos que "se venden a" empresas, corporaciones, grupos, etc. es tan absurdo e irracional por falso, que resulta incomprensible que haya gente que lo repita hoy en día. La única verdadera explotación que existe en el mundo es aquella a la que los gobiernos someten a sus pueblos, ya que nadie tiene mayor poder de expoliación y confiscación que un gobierno (del país que sea).

Esto no significa, de modo alguno, que los gobiernos no otorguen ventajas a empresas y personas, porque si, lo hacen y muy a menudo. Pero no lo hacen por dinero, por todo lo que hemos explicado, sino por amistad o afinidad ideológica con esas empresas o personas. Los gobiernos no necesitan el dinero de las empresas, porque estas no tienen un dinero propio, el dinero de estas es dinero ajeno (del gobierno), al que -además- los mismos gobiernos pueden modificar su valor, ya sea por inflación o por devaluación, usando diferentes mecanismos para estos dos fines. Y porque -también- los gobiernos pueden recuperar -en cualquier momento- el dinero emitido al mercado, ya sea cobrando más impuestos, aumentando los que ya existen, o colocando empréstitos, voluntarios o forzosos, como se hizo y se hace en toda época y lugar donde hubieron y hay gobiernos.

Otra manera simple que los gobiernos tienen para enriquecerse es por medio de la inflación. ¿qué se le ocurre al lector que es más rápido para enriquecerse? : 1) ¿aumentar los precios de lo que se vende para obtener dinero, o 2) fabricar físicamente el dinero que se necesite y en la cantidad que lo necesite sin necesidad de vender nada? Resulta claro que el metido más rápido, seguro y eficaz es el segundo y no el primero. Muy bien, hasta aquí el lector viene acertando. Y ahora piense el lector, que ni él ni yo ni nadie que esté fuera de la órbita de un gobierno tiene el poder ni la facultad para fabricar dinero (lo que en economía llamamos emisión monetaria), entonces será fácil responder la siguiente pregunta: ¿quien tiene pues más facilidad para hacerse rico de una manera segura y eficaz? Respuesta: aquel que puede y tiene el poder de crear dinero fabricándolo, ¿y quién tiene ese poder? Solamente los gobiernos. Ego, los gobiernos pueden hacerse ricos a si ismos en forma instantánea. En tanto que todos los demás tenemos que trabajar ya sea empleándonos en el algún puesto de trabajo o intentando vender bienes y servicios en el mercado, para obtener algún ingreso, mejor dicho ese mismo dinero que el gobierno se encarga de fabricar y con el cual nos obliga a comerciar, cobrar salarios, pagar o cobrar deudas, etc..

Por supuesto, todo esto que los gobiernos pueden hacer y que ordinalmente hacen en uno u otro grado, causa enormes desajustes y crisis económicas, lo cual es -justamente- el único origen y causa de las crisis económicas de las que tanto se hablan hoy en día.

Lo que he descripto hasta aquí -muy, pero muy resumidamente- es lo que en economía se llama un sistema intervencionista.

Y digo que esto solo sucede en un sistema intervencionista porque, en otro sistema, como el liberal, ningún gobierno tendría permitido hacer ninguna de las cinco cosas que hemos enumerado arriba. Lo tendría terminantemente prohibido. Es decir, -en otros términos- tendría absolutamente prohibido el manejo de la economía.

Lo que hemos descripto arriba se llama -como dijimos- intervencionismo y no capitalismo. Las diferencias enormes entre el intervencionismo y el capitalismo las hemos explicado -con lujo de detalles- en nuestro libro Socialismo y capitalismo. No vamos a repetir aquí lo que dijimos allí y supondremos que el lector ya conoce dichas diferencias habiendo leído dicho libro. Si no lo hizo le sugerimos que lo haga.

 





[1]En algunos casos, las empresas pueden modificar -hasta cierto punto- el valor de bienes y servicios. Lo que jamás pueden hacer es introducir variaciones en el valor del dinero gubernamental. Y como hoy en día todo el dinero del mundo es propiedad de los gobiernos nacionales o transnacionales, ello implica que ninguna empresa, corporación, oligopolio o monopolio privado puede jamás modificar en absoluto el valor del dinero. El verdadero poder económico reside, pues, en la posibilidad de modificar este valor (el del dinero) y no el de los bienes y servicios.

domingo

Argentina

El consumo como "función" del empleo

 

 Por Gabriel Boragina ©

 

El gobierno argentino, co-ejercido por el matrimonio Kirchner, ha hecho un "llamado" a la población en medio de una de las crisis económicas más dramáticas vividas por el país, a fin que se esfuerce por consumir más, si no quiere perder el empleo.

La oportunidad es propicia para volver a desmisitifcar (una vez más) la falacia de la "función consumo-empleo" que es la que el gobierno argentino pretende esgrimir nuevamente. Como ya es sabido, esta popular falacia fue y sigue siendo uno de los mitos más caros del keynesianismo. Supondremos que el lector conoce a fondo la teoría keynesiana para no detenernos a explicarla in extenso ya que ello desbordaría nuestros objetivos al momento. Nos sujetaremos únicamente en la clarificación de la cuestión actual abordada en nuestro título, el cual es solo un aspecto de las demás falacias keynesianas.

El consumo depende del ingreso, en cierta medida, pero el ingreso no depende del empleo, sino de la producción con destino al intercambio, lo que nos remite a la –tantas veces olvidada- sabía Ley de Say que –resumidamente- dice que toda oferta crea su propia demanda. En otros términos, esto equivale a expresar que, a los fines de generar un ingreso, debo primero producir un bien o servicio que sea valorado en el mercado y que -a su vez- tenga aptitud para ser intercambiado por otros bienes y servicios, los cuales -en definitiva- constituirán mi ingreso. En otras palabras, lo que genera el ingreso no es el empleo sino la producción, habida cuenta que todo empleo puede ser productivo o improductivo, solamente el empleo productivo tendrá la aptitud suficiente como para originar un ingreso y siempre y cuando esa producción sea su vez apta para su intercambio creando una demanda, conforme a la Ley de Say citada.  Dicho de otro modo, solo puedo demandar cuando tengo algo para dar a cambio por mi demanda y ese "algo" será mi propia producción, es decir mi ingreso.

El empleo, por si mismo, en los términos en que John M. Keynes lo concebía, no es apto para generar un ingreso, más aun, si se tiene en cuenta que J. M. Keynes se refería al empleo en los términos en que se lo concibe corrientemente, es decir, el empleo por cuenta ajena, dejando de lado el empleo por cuenta propia. El error de J. M. Keynes consistió -entre muchos otros- en haber aceptado, expresa o implícitamente lo mismo da para el caso,  en este punto la equivocada teoría laboral del valor formulada por Karl. Marx y F. Engels. Según esta última, la fuente de valor de los bienes y servicios provenía exclusivamente del trabajo obrero (es decir, el empleo) y de allí quedó sentado como dogma hasta la actualidad dicha falacia. Esta es una noción estrecha de "empleo", que restringe el uso de este vocablo únicamente al trabajo en relación de dependencia y por cuenta ajena, más precisamente al trabajo obrero, y pierde de vista que todo trabajo (obrero o no) es en relación de dependencia y siempre lo es por cuenta ajena[1], excepto en las sociedades autárquicas donde no existe la división del trabajo, o esta es muy rudimentaria.

Volviendo a la desmitificación de la falacia "consumo-empleo" solo se puede consumir más cuando existe ex-ante un volumen de producción que permite un mayor consumo ; si esa producción disminuye drásticamente -como sucede y sigue ocurriendo en el caso argentino- es ilusorio e infantil que el gobierna diga que el mayor consumo permitirá "conservar" los empleos de la gente. Lo que determina el empleo no es el consumo, como creía Keynes y los gobernantes argentinos, sino el ingreso, y este a su vez depende de la producción, que -a su turno- existirá en la medida que aparezcan empresarios dispuestos a invertir su capital. Y  -reiteramos- no es esto lo que está sucediendo en la Argentina pese a lo que los Kirchner digan otra cosa.

Por lo demás, como ya han señalado agudos economistas, el ingreso -sea el del empresario en forma de ganancia o del empleado en forma de salario- se encuentra afectado por el nivel de productividad del conjunto de la economía y por la tasa de intercambio de lo producido ; todo ello -a su vez- depende del marco económico-jurídico-legal imperante en la región ; en el caso que nos ocupa, el matrimonio Kirchner en Argentina se ha encargado de impedir, obstaculizar y obstruir, tanto la inversión como la producción y el nivel de transacciones de la economía, con diferentes medidas de índole legal todas ellas restrictivas a la circulaciones económica.

No tiene sentido alguno pedir a la población que consuma cuando el gobierno desconoce las altas tasas de inflación existentes, aumenta la presión impositiva, creando nuevo gravámenes y subiendo las alícuotas de los existentes, traba las exportaciones de bienes primarios y secundarios y recurre a permanentes confiscaciones, como ha sucedido con las últimas medidas adoptadas contra el sector agropecuario y agrícola ganadero y la confiscación de los fondos de pensión privados de los ahorristas, entre tantas otras.

Hay bastante más que decir del asunto en este sentido, como -por ejemplo- que al reducirse la producción en razón de las políticas activas del gobierno, el stock de bienes y servicios será menor, en consecuencia, los precios subirán, por efecto de la escasez de la oferta; ergo, ello hará que los ingresos sean retraídos en términos reales, lo que -seguidamente- dará como resultado una nueva y más profunda caída del nivel de consumo.

Sin embargo, el discurso del gobierno Kirchner desconoce en forma reiterativa todos estos efectos, aun cuando no dejan de sucederse delante de sus propias narices.

Medidas como las señaladas -y otras más que sería extenso enumerar ahora- no hacen más que reducir el nivel de ingreso de la economía en su conjunto, pero afectan en mayor grado a las personas de ingreso más bajos, a la sazón, los asalariados, quienes son los primeros y los más perjudicados con semejantes disposiciones emanadas del gobierno. El contexto general, altamente recesivo y la incomprensión o tozudez (resulta indistinto cual de ambas, frente a idénticos resultados) de los gobernantes en adoptar políticas desregulatorias en los sectores claves de la economía, hacen vacuas declaraciones como las que emite la dirigencia política desde sus más altos niveles.  

 

Gabriel Boragina es autor –entre otros- de los siguientes libros: La Credulidad, La Democracia, Socialismo y Capitalismo , etc.



[1] Véase mi libro El obrero explotado, Buenos Aires. Ediciones Pequeña Venecia, 1º edición.

El mito del crecimiento

Por Gabriel Boragina ©

El gobierno argentino habla repetida e incasablemente del supuesto "crecimiento" que como "logro" se habría obtenido durante la presente gestión. Lamentablemente, muchos autores, periodistas y hasta economistas, parecen creerle. Los mas críticos admiten tal fantasmal crecimiento pero agregan otros aspectos que serían más importantes y desfavorables a la gestión de gobierno.

Nosotros negamos tal falacia del crecimiento; para justificar esta aserción lapidante podríamos dar muchas explicaciones técnico económicas, estadísticas teóricas y prácticas; pero la idea en el estrecho margen de esta breve nota, no es que el lector tenga que hacer un curso completo de economía para poder entendernos, sino que, mediante el mas sencillo expediente del uso de la razón, le permita ver porque motivos no ha existido el crecimiento que el gobierno dice haber "logrado".

Cabe primero preguntarse ¿de qué tipo de "crecimiento" se habla?. Las cosas no son tan simples como parecen, porque existen muchas clases de crecimiento. Para comenzar, digamos que en economía, manejamos dos grandes magnitudes de crecimiento, a saber: el crecimiento absoluto y el crecimiento relativo.

Una comunidad, país, región, lugar, etc. , es próspero y floreciente, cuando ha habido un sostenido crecimiento absoluto de la economía. No es el caso argentino, donde solo encontramos un importante crecimiento relativo. ¿Y que es un crecimiento relativo? Básicamente, se habla de crecimiento relativo –en economía- cuando algunos sectores, o personas crecen a costa de otros, lo que en otras palabras, implica a decir, que en el crecimiento relativo, algunos crecen porque otros decrecen y viceversa. Este es, sin duda, el caso argentino. Pudo haber un crecimiento sostenido, pero al ser RELATIVO, sus efectos no solo no han alcanzado al conjunto de la población, sino que han beneficiado a unos en perjuicio de los demás. Afirmar que esto es un "logro" político, -como lo dicen los afectos al gobierno- es una aseveración aventurada y -para mi- enteramente disparatada.

En este periodo, hubo crecimiento relativo, pero no absoluto. Muy bien. Ahora el lector querrá saber en que consiste el crecimiento ABSOLUTO, y se lo diremos, simplemente, en lo contrario al relativo, es su inversa directa, ¿sencillo verdad? Claro que si! Como todo aquello que implique el uso racional de las palabras, de allí que advertí al lector al comenzar, que tan solo utilizando la razón podría por si mismo desentrañar lo que íbamos a explicarle. Pero le diremos mas aun. Veamos mas de cerca al crecimiento absoluto.

Suele confundirse el crecimiento ABSOLUTO con el crecimiento igualitario y esta confusión es incurrir en un grave error. Para entender la diferencia, será necesario percatarse, comprender y aceptar, que ni en la naturaleza, ni en la vida, ni en relaciones sociales, nunca existió, no existe, ni existirá jamás, nada parecido a algo "igualitario". Lo "igualitario", es una completa entelequia, una enorme falacia, un gran embuste histórico, filosófico, político e incluso, económico. Ninguna de las medidas políticas históricas, desde el comienzo de los tiempos hasta el presente, logró jamás la igualdad económica (ni ninguna otra, pero ahora estamos hablando de economía y nos circunscribiremos a esta cuestión).

El tema del crecimiento se entiende mejor con un ejemplo sencillo. Supongamos (para simplificar) que hay un país con dos personas P1 y P2. En el momento 1 (M1), los ingresos de P1 y P2 son respectivamente $ 100 y $ 120, en el momento 2 (M2), los ingresos de ambos pasan a ser respectivamente $ 120 y $ 150.

Este es un claro ejemplo de lo que en economía llamamos crecimiento ABSOLUTO (por favor ¡no confundir con igualitario!) ambas personas han crecido en términos absolutos (pero no igualitarios) han mejorado sus ingresos y patrimonios con relación al momento 1.

Veamos ahora un ejemplo de crecimiento relativo (como el que tuvo Argentina en este periodo). Volvamos a nuestros dos pobladores P1 y P2, que ahora pasarán a ser dos argentinos cualesquiera. Habíamos dicho que en M1 sus ingresos y/o patrimonios, fueron de $ 100 y $ 120, respectivamente; en un esquema de crecimiento relativo en M2 los ingresos de P1 y P2 serán -por ejemplo- de $ 90 y $ 180 respectivamente. Exacto, P2 ha crecido en forma inversamente proporcional al decrecimiento de P1, en este caso, la relación es inversa y no directa, otra de las enormes diferencias entre ambos tipos de crecimiento, relativo y absoluto.

Ahora bien, si transmutamos los valores P1 y P2 por los diferentes grupos de argentinos (por ejemplo, podemos llamar P1 a los obreros, P2: empresarios, p3: docentes, p4: burócratas, p5: militares, p6: sindicalistas, p7....etc.) y a los $ 100 y $ 120 originales (y a sus variaciones) les ponemos a la derecha todos los ceros que nos agraden, tendremos una exacta representación de lo que ocurre en cualquier parte del mundo en materia económica, incluso, claro está, también en la Argentina.

Ahora es fácil entender porque, en la Argentina el "crecimiento" del que tanto se habla, fue relativo y no absoluto, porque solo benefició a unos pocos, a costa del resto de los argentinos. Puede decirse mucho mas en abono a esta explicación -forzosamente breve y sencilla por el medio al cual va destinado-, incluso, como les decía al principio, puedo argumentar más y mejor todo esto, con abundantes términos técnicos y complejas fórmulas matemáticas, cuadros estadísticos, matrices, etc. Pero creo que lo aquí dicho es lo suficientemente claro y representativo como para que los amigos lectores y lectoras, no se dejen engañar por el discurso mentiroso de un gobierno que carece de cualquier clase de catadura moral.

Los crecimientos relativos son obtenidos por la mayoría de los países del mundo por razones muy diversas y que la mayor parte de las veces tienen que ver con el grado de libertad que tenga la economía del lugar donde se lo analice. La experiencia permite advertir que, a mayor libertad económica mayor crecimiento absoluto. A menor libertad económica mayor crecimiento relativo. El ideal, la meta de toda persona de bien, es apuntar al crecimiento ABSOLUTO y desechar el relativo, porque el crecimiento relativo, implica –siempre- una injusta distribución de riqueza y mayores niveles de pobreza. En las economías libres, llamadas generalmente economías de mercado, el crecimiento económico siempre es absoluto, es decir, beneficia al conjunto.

Este no ha sido el caso argentino -en modo alguno- durante el último periodo presidencial. Lo que asusta (y mucho, y cada vez mas) es que el gobierno siga insistiendo en lo contrario, cuando todos los indicadores económicos y la realidad objetiva misma, más evidente, se lo niegan en forma terminante. Y es mucho más pavoroso todavía que pretendan seguir en el poder –si bien con recambio de candidatos- machacando en este modelo de pobreza y marginación (crecimiento relativo) donde unos pocos crecen a costa del decrecimiento de la mayoría. Esperamos y rogamos a Dios que no les permita continuar hambreando al pueblo argentino.

El Tao de la economía

El Tao de la economía. 1

Los paralelismos. 2

Objetos y procesos. 3

Progreso y cambio. 4

Creación y destrucción. 5

Por Gabriel Boragina ©

Tomé prestado este titulo de un libro que acabo de leer titulado El Tao de la física, cuyo autor es el físico europeo Fritjof Capra. Se trata de un libro interesante, donde su autor se propone analizar los paralelismos (como él los llama) existentes entre la física y el misticismo oriental. Llegué a este libro casualmente, en virtud de mi actual interés en el estudio y análisis de los paralelismos entre la economía y otras ciencias, de donde derivó –también fortuitamente- otro interés subsidiario por la correspondencia entre la economía y el misticismo. Es decir, Capra y yo mantenemos "en común" el estudio de los paralelismos, diferimos en cuanto al objetivo de nuestras comparaciones: en tanto él compara la física con el misticismo oriental, yo comparo la economía con otras disciplinas, sin excluir las místicas.

El trabajo de Capra es serio, aunque no exento de fallos y, por sobre todo, numerosas contradicciones (incluso autocontradicciones), en especial en el terreno filosófico. Su exposición de los rudimentos de la física cuántica y relativista es, por demás, impecable, principalmente, por lo simple y clara para un lego como yo. En cualquier caso, es un libro recomendable para el lector interesado en las ciencias alternativas, aunque en rigor, este no es el tema de su libro.

Sin embargo, mi interés por las comparaciones entre ciencia y espiritualidad, no surgió con la lectura de este libro, sino con la de otro libro, cuyo autor es mi ex profesor y amigo, mi tocayo Gabriel Zanotti, titulado "Economía de mercado y la Doctrina Social de la Iglesia", puedo decir que fue mi primer contacto con un parangón entre aspectos que -hasta la lectura del libro del profesor Zanotti- creía completamente divorciados.

No hay ningún paralelismo entre los libros de Capra y Zanotti, excepto, el de buscar paralelismos, de hecho, las conclusiones a las que arriban Gabriel Z. y Capra son completamente disímiles. Y también difieren los objetos comparados. Zanotti coteja la economía austriaca con la DSI, en tanto Capra intenta hacer lo propio entre la física (en realidad, lo limita a la física cuántica y relativista) y el budismo hindú, El Tao chino y el Zen japonés. Como en el caso de Capra, el libro del Dr. Zanotti es altamente recomendable.

Lamentablemente, ambos autores son relativamente poco conocidos en el campo, tanto de la filosofía (el caso de G. Zanotti) como de la física (F. Capra) y a sus visiones se las considera alternativas, en el sentido de no convencionales.

En cuanto a lo económico, F. Capra solo hace tres menciones en "El Tao..." a mi juicio, imprecisas, confieso no haber leído sus libros posteriores, por ello, me limitaré a comentar sus escasas afirmaciones económicas en "El Tao de la física". Como el mismo F. Capra lo dice en su epilogo, su visión de la economía es ecologista, según él, no en un sentido convencional de esta palabra, sino "integral". Concretamente, critica la creencia en un ilimitado progreso material que puede ser alcanzado mediante el crecimiento económico y tecnológico, curiosamente, agrega que, según su opinión, Este paradigma que ahora está en retirada ha dominado nuestra cultura durante varios cientos de años, durante los que ha modelado nuestra sociedad occidental y ha tenido una significativa influencia sobre el resto del mundo.

Infortunadamente F. Capra no nos da aquí mas detalles acerca de cual sería, en concreto, ese paradigma económico. Tampoco puede establecerse con claridad, en que sentido F. Capra utiliza ciertos términos claves, tales como "ilimitado progreso material" por un lado, y "crecimiento económico y tecnológico" por el otro. Y esto era relevante, toda vez que si por "material" F. Capra alude a lo que en economía entendemos por bienes y servicios, infortunadamente, los hechos no le dan la razón a nuestro autor.

Pocas doctrinas económicas postularon –en la historia de la economía- un "ilimitado" progreso material, entendido éste ultimo, como aumento de bienes y servicios, sin embargo, entre ellas la más influyente de todas ha sido el marxismo, cuyo sistema estableció, que las "fuerzas materiales de producción" siempre produjeron y siempre producirían por la pujanza inexorable de la historia y del destino.

He estudiado con detenimiento el marxismo, el socialismo y el comunismo, y no voy a aquí a repetir las conclusiones a las que he llegado a través de mis estudios; hacerlo, convertiría este análisis en algo sumamente extenso, por lo que remito al lector interesado a la lectura de la publicación de mis trabajos.

Si este es "el paradigma" del que habla F. Capra en los pasajes transcriptos, estamos en completo acuerdo con él, mi discrepancia –en cambio- es absoluta en cuanto a que ese paradigma marxista "ahora está en retirada" creo que no, no está en absoluto en retirada, sino que sigue vigente y recuperándose de algunos traspiés sufridos en la década pasada.

Y si no es este el paradigma del que habla F. Capra en "El Tao.." no puedo advertir cual otro podría ser. En lo que al capitalismo se refiere, nunca postuló esta doctrina "ilimitados" progresos materiales, si, en cambio, los autores austriacos son contestes en que el progreso material solo puede venir de la mano del crecimiento económico y tecnológico, y para muchos de ellos se tratarían de sinónimos, en efecto, muchos autores, como mi amigo, el sociólogo argentino-venezolano Carlos Sabino[1], han sugerido que no habría disparidad alguna entre el progreso material y el crecimiento económico, y no me parece en absoluto una opinión descabellada.

Por mi parte, me he permitido hacer algunas diferencias entre los conceptos económicos de crecimiento y desarrollo, pero coincido con los autores de la escuela austriaca de economía que, en lo material, este solo puede venir por el lado de la economía. No conozco otro procedimiento de aumentar bienes y servicios si no es a través de medios económicos, es mas, la economía precisamente estudia esos procedimientos y se ocupa de esos medios. Y la palabra aumentar la utilizo aquí como sinónimo de crecer o de crecimiento; el crecimiento económico, lo defino pues, como el liso y llano aumento de bienes y servicios.

Los paralelismos

Como ya expresé arriba, mi amigo, el filósofo G. Zanotti hizo algunas comparaciones entre la economía de mercado y la Doctrina Social de la Iglesia (DSI) pero no llegó a la conclusión (hasta donde he entendido su trabajo) de la existencia de similitudes entre una y otra. F. Capra, comparando física y misticismo oriental, creyó haberlos encontrado.

F. Capra insiste, con inusitado énfasis, en que uno de los principales paralelismos entre la física moderna (así se refiere, en realidad, a la física cuántica y relativista) y el misticismo, es la creencia de ambos sobre la inter-conexidad e interrelación existente entre todos los fenómenos de la naturaleza, y más extensamente del universo.

Nuevamente, según el sentido que se les dé a estas palabras, este no parece ser un descubrimiento científico extraordinario, toda vez que desde el mas puro sentido común y desde la experiencia mas ordinaria, creo que podemos ser conscientes de la interrelación existente entre los hombres a través del entramado social. Claro que F. Capra habla, en rigor, de una interrelación física a nivel subatómico, pero si de interrelaciones físicas queremos hablar, estas son evidentes aun a nivel macroscópico, como puede ejemplificarse con el simple contagio de un resfrío; el contagio es un caso típico, evidente y constatado desde antiguo, de una típica interrelación o conexión física. Y no es, por cierto, la única evidente.

La economía es una ciencia social y "lo social" trata –precisamente- de interconexiones o interrelaciones entre entes físicos (los hombres) sujetos de la acción económica, por un lado, y los objetos intercambiados (bienes y servicios) también pertenecientes al mundo físico, o en términos de Karl. R. Popper, del mundo 1,[2] por el otro.

F. Capra podría replicarnos que esto no se refiere al mundo atómico y subatómico, que es de lo que, en definitiva, él nos quiere hablar, pero el punto es que F. Capra describe a la física clásica en términos de los cuales parece desprenderse que esta negaría toda interconexión e interrelación de fenómenos físicos y desde mi punto de vista -y sin ser físico- me resulta evidente que esto no es como nuestro autor lo presenta.

Tomemos el ejemplo típico de la física clásica para ilustrar mi punto; me parece indudable que la ley de gravedad, tal y como Sir Isaac Newton la formuló, describe una característica demostración de interconexión e interrelación entre objetos físicos; unos atrayentes y otros atraídos, es decir, hay una inconfundible interrelación de fuerzas, lo que me dice que los fenómenos de interrelación e interconexión –que F. Capra parece reservar a lo que él llama la física moderna- no es exclusiva de los sucesos atómicos y subatómicos, ni de la física cuántica o relativista. Mas bien parece ser algo que no solo ocurre a diario en el mundo macroscópico sino que hasta me parece de puro sentido común y constatable con la mera observación.

Objetos y procesos

Una de las conclusiones de F. Capra en el Tao de la física, es que la física moderna habría "descubierto" lo que los místicos orientales saben desde hace mas de 2500 años, por ejemplo, la naturaleza dinámica de la materia que, estaría mostrando que, en realidad, la materia no es un objeto (un "ladrillo básico" como F. Capra lo llama) sino un entramado de relaciones al que denomina proceso. Aquí si, parece existir un paralelismo importante con la economía, al menos la postulada por la escuela austriaca de economía.

En efecto, en contra de lo que el resto de las escuelas económicas sostienen, los austriacos siempre insistieron en que el mercado, no es una cosa, ni un lugar, ni una persona, ni siquiera la suma de un número de personas determinado, ni una institución, sino que se trata de un proceso de intercambio, en el cual los que se transfieren, tampoco son -en esencia- bienes y/o servicios, sino derechos sobre ellos.

La naturaleza dinámica de este proceso (el mercado), también ha sido otro aspecto en el que la escuela austriaca de economía ha puesto un gran énfasis, destacando la importancia de la fluidez de este proceso y la necesidad de preservar dicha fluidez y dinamismo.

Una de las criticas mas frecuentes que los autores economistas austriacos han debido soportar por parte del resto de las escuelas económicas es -precisamente- el no materialismo de la economía que postulan; en efecto, la economía austriaca no es mas que una rama de la praxeología, tal y como Mises se ha encargado de explicar[3] siendo esta ultima la ciencia de la acción humana en sentido lato.

Despectivamente, las escuelas rivales, la han llamado "la escuela de la economía abstracta", con evidente tono burlón, lo que demuestra la poca comprensión que sus críticos han tenido de sus postulados básicos.

Progreso y cambio

F. Capra encuentra otro punto de contacto entre la física moderna y el misticismo oriental en la importancia que ambos le asignan al permanente cambio; esto es una consecuencia directa –y hasta casi necesaria- del dinamismo del que hablábamos antes, sin embargo, no he notado igual énfasis con relación al progreso. El Tao de la física muestra una cierta indiferencia por el progreso al que, como vimos, aparentemente se lo asocia con "lo" material, y el análisis de F. Capra no da muestras de simpatizar demasiado con "la materia". El factor "cambio" que F. Capra encuentra tan similar entre la física y el misticismo, insinúa ser un cambio "cerrado" determinista (si bien tampoco aparenta ver con buenos ojos el determinismo, ya que se presenta como un firme partidario de la física cuántica) todo lo cual suena bastante contradictorio.

La economía austriaca, de su lado, no niega el cambio, por el contrario, lo afirma y le asigna un papel relevante, pero va mas allá, al no contentarse con declarar el cambio como una realidad insoslayable, sino que asevera que sin cambio no hay progreso, y no aprecia el cambio por el hecho de ser inherente a la naturaleza, sino como vehículo para llegar al progreso. En economía austriaca tenemos muy en claro que todo progreso implica cambio, pero que no todo cambio implica progreso.

El misticismo oriental, tal como lo presenta F. Capra, parece no valorar el progreso, al que se lo trata con bastante frialdad y en ciertos pasajes con alguna hostilidad. Según se nos cuenta en el Tao de la física, el cambio, que allí se dice en que coinciden física y misticismo oriental, es un cambio –como decíamos- cerrado (en el sentido que Karl R. Popper le da al vocablo "cerrado") de naturaleza cíclica y repetitivo, en economía diríamos un cambio del tipo de la suma cero. Quizás esta sea la razón por la cual F. Capra asocia las palabras progreso y crecimiento con lo "material", ya que a su vez, connota lo material con lo estático y lo inmutable. Creo que estas asociaciones terminológicas no son afortunadas, ni mucho menos exactas.

Ahora bien, la hostilidad hacia el progreso económico no parece ser algo privativo ni exclusivo de la mística oriental, sino que, frecuentemente, alcanza a la occidental; en efecto, los credos espirituales de occidente –con las excepciones, quizás, del calvinismo, algunas sectas protestantes y el judaísmo- muestran bastante desdén por el progreso y crecimiento económico, a los que también suelen asociar con el materialismo.

Entiéndasenos bien, no es que estemos afirmando que F. Capra niegue enfáticamente el progreso, sino que lo que decimos, es que pocas veces lo menciona, y cuando lo hace, sugiere asociarlo con la "materia" (en su sentido físico) y uno de sus postulados, tanto físicos como metafísicos, es que la materia "no existe", de donde se debe derivar, lógicamente, sin que F. Capra lo diga expresamente insistimos, que por ende, el progreso tampoco puede existir y no debería existir para F. Capra. Ello explicaría, de algún modo, las pocas menciones en el libro del término "progreso" y el menosprecio (o la indiferencia) con la que las pocas veces que se lo hace, se advierte.

Claro que esto es naturalmente contradictorio, en un contexto donde resulta evidente que el progreso material si, existe.

El proceso de creación de materia es algo evidente para mí y está bastante lejos de ser un círculo cerrado como el yin y el yan, que tanta admiración le ha causado a F. Capra.

Concluyendo, en la física que F. Capra describe como física "moderna", hay dinamismo pero sin progreso.

Creación y destrucción

En definitiva F. Capra pone énfasis en la idea que la naturaleza es un proceso de creación y destrucción permanente, lo que ejemplifica con el relato de experimentos de laboratorio y de aceleradores de partículas, de donde nos explica, que la forma de obtener nuevas partículas es haciendo colisionar unas con otras a grandes velocidades; estos ejemplo abundan en el Tao de la física

F. Capra, como buen físico, sigue el método hipotético inductivo, de allí que tiene implícito, que todo aquello que sucede en los experimentos de laboratorio, siempre es (y será) un reflejo necesario de lo que ocurre en la naturaleza. Este tipo de extrapolaciones inductivas es frecuente, no solo en el campo de la física, sino en la vida diaria. Es habitual en la praxis científica, confundir el laboratorio con la realidad y de allí concluir que todo aquello que ocurre en nuestros experimentos necesariamente ha de suceder de manera exactamente similar fuera del laboratorio.

Yo, desde una perspectiva algo más socrática, creo que solo podemos afirmar que aquello que observamos en el laboratorio puede –o no- ocurrir en el mundo real, y es todo lo que podemos afirmar acerca del asunto. Al respecto, resulta bastante ilustrativo este pasaje que tomo de un artículo de Leonard Or y Sondra Ray:[4]

LA VERDAD CIENTÍFICA

El método científico para encontrar la verdad consta de cuatro pasos:

1) Proponer una teoría.

2) Realizar un experimento, para probar esa teoría.

3) Comprobar esa teoría (esto se llama verificación)

4) Se comprueba las veces necesarias para verificar que siempre se obtenga el mismo resultado: y se constituye en LEY.

No obstante ¿quién determina cuántas veces es suficiente probar la teoría?. Ningún científico ha probado la mayoría de las leyes pensadas sobre el universo. Pero creen en ellas, por lo tanto son como una superstición. Un ejemplo perfecto es el de agua pura H2O.

La mayor parte de la gente piensa que H2O es la fórmula química de agua pura. Leonard Or hizo un experimento, en el colegio secundario, con agua pura y no salió bien. Su maestro le dijo: "bien, el agua no debe haber estado pura para empezar, e incluso si estaba pura, tus instrumentos pueden haber contenido restos de otros productos químicos, pero, si los instrumentos no estaban contaminados y el agua estaba pura, entonces los aparatos de medición de la clase no son lo suficientemente precisos para determinar la pureza del agua. Si quieres asegurarte que realmente tienes agua pura, tienes que hacer el experimento en un gran laboratorio".

Leonard, entonces se preguntó "Si la única manera de obtener agua pura es el laboratorio, como puede ser una LEY NATURAL? Si el agua pura no existe en la naturaleza, cómo puede ser entonces una ley natural?

El hizo el mismo experimento en la Universidad. El profesor le dijo: "Si no salió bien es porque hay otros elementos presentes, hay H3O (agua pesada), presente en todos lados, no puedes tener certeza nunca de que tienes un compuesto puro de H2O en el mundo real". Si los experimentos no salen bien, invalidan la teoría. Si el pensamiento es creativo, entonces el científico está creando leyes, y los experimentos funcionarán, mientras que el científico tenga la certeza de lo que va a producir, lo produce.

El punto es que toda ciencia es creada por científicos, porque son pensadores y, ya que tú también eres un pensador, eso te hace un científico. Tus leyes científicas específicas son tan válidas como las de cualquier otro científico. No hay ninguna ley sobre la que no puedas tener autoridad, y ello no está sujeto a la elección personal.

La experiencia que relatan Leonard Or y Sondra Ray parece coincidir con cierto "efecto cuántico" por el cual, el observador determina, de algún modo, el resultado del experimento, punto este que sostiene algunas veces F. Capra, pero que abandona otras, cuando afirma que lo que ocurre en el laboratorio es una réplica exacta de lo que acontece fuera del laboratorio. Sin embargo, creo que esto se puede afirmar solo de manera inductiva mediante una extrapolación, mas no puede aseverarse de forma categórica porque se refiere a hechos no observados.


[1] Carlos Sabino, Diccionario de Economía y Finanzas, Editorial Panapo, Caracas, Venezuela. Ver las voces "crecimiento" y "desarrollo".

[2] Karl. R. Popper, El universo abierto. Post Scriptum II a la lógica de la investigación científica. Ed. Tecnos, Madrid.

[3] Ludwig von Mises, La acción humana. Tratado de economía. Unión editorial, Madrid, 1980.

[4] El Poder Creativo de los Pensamientos. Por Leonard Or y Sondra Ray

Injusta distribución de riqueza

Por Gabriel Boragina ©

1. Introducción al tema

Dentro de los dogmas socialistas, campea en forma reiterada el de la "injusta distribución de la riqueza", el dogma socialista se basa, generalmente, en denuncias, pero es apabullantemente pobre en propuestas, un problema adicional, es que sus denuncias son insistentemente contradictorias unas con otras y autocontradictoras entre sí.

Hoy vamos a analizar el aparentemente "inocente" y plausible dogma de la "injusta distribución de la riqueza". Indefectiblemente, hay problemas cuando se confunden, en alguna frase, expresión o contexto, juicios éticos, morales o jurídicos y conceptos económicos, no es que no haya relación entre ellos, el problema es cuando esas conexiones causales se manipulan para obtener efectos en un sentido o en otro, en lugar de tratar de buscar la verdad en forma desinteresada. En la frase que analizamos "injusticia" es un concepto ético, moral o jurídico, en tanto que distribución de riqueza describe un fenómeno económico.

2. "Lo" social y "lo" económico.

El primer grupo de malos entendidos, surge al pretender una artificiosa división entre "lo" social y "lo" económico. La economía es una ciencia social y alguien dijo "la más social de todas las ciencias", de modo tal, que intentar una artificiosa división entre fenómenos sociales y económicos, como si de cosas completamente diferentes se trataran, ya de por sí, nos conduce a errores mayúsculos, con lo que al pasar al terreno político, hacen que el bagaje de malos entendidos sea cada vez más descomunal.

3. Justicia y moral.

Por lo demás, los fenómenos económicos no son justos o injustos en si mismos, tampoco son morales, inmorales o amorales, son simplemente hechos, consecuencia de la acción humana, ilustremos esto con un ejemplo ya clásico: que una persona hiera o mate a otra es simplemente un hecho, que desde el punto de vista de la moral, la ética y la justicia podrá ser calificado de justo o injusto, si se juzga que el hecho fue ocasionado sin provocación de la víctima, se hablará de crimen, agresión o asesinato, si, por el contrario se juzga que el hecho fue ocasionado mediando provocación de la victima se hablara de "defensa propia" con lo cual el hecho quedará justificado y el autor libre de castigo. Esto mismo determinará la moralidad o amoralidad del hecho en sí mismo. Como explica Alberto Benegas Lynch (h) citando a Jellinek, "el derecho es un minimum de ética".

Un mismo hecho podrá en consecuencia ser justo o injusto, moral o inmoral. Esto no es relativismo ni jurídico ni moral, porque lo que determina la moralidad o inmoralidad de un hecho es el hecho completo, es decir, el hecho y las motivaciones del hecho, lo que incluye las actitudes y conductas, tanto del sujeto activo como pasivo, lo que deja incólume los conceptos morales de bien y mal. Todo hecho caerá, mas tarde o más temprano, dentro de una o la otra categoría.

4. "Justicia" e "injusticia" de la distribución.

Por aplicación de estos mismos principios, el hecho "distribución de riqueza" no es en sí mismo ni justo ni injusto como hecho aislado, como fenómeno económico, es algo que sucede cuando se produce un bien o servicio, lo que nos debería llevar a preguntarnos lo mismo respecto del fenómeno concomitante a la distribución, es decir, la producción.

Aquí no voy a analizar en detalle la falacia de Mill[1] ya que hay numerosísimas refutaciones a tal falacia, como por ejemplo, la del autor ya citado Alberto Benegas Lynch[2] , pero será indispensable conocer esta critica de Benegas Lynch (h) para comprender cabalmente lo que explicaré a continuación, por lo que animo al lector a leer aquella refutación. Yo me centraré en el aspecto moral, ético y jurídico de estas cuestiones. Baste aquí decir, que la base de la refutación a la falacia de Mill consiste en negar que producción y distribución sean dos fenómenos sucesivos, afirmando, en cambio, que son simultáneos, agregando a ello, que quien esto escribe comparte completamente dicha refutación.

Aclarado este punto continuaremos diciendo que para guardar un mínimo de coherencia el ataque a la injusta distribución debería derivar en un ataque análogo a la "injusta" producción, pero como campea en este terreno la doctrina de Mill ya citada, que considera producción y distribución como dos cosas diferentes, el ataque –habitualmente- solo se circunscribe a la distribución y no, en general, a la producción.

5. Inconsistencias y contradicciones.

Consecuencia de todo ello, hace que, en general, la producción reciba la calificación ética de "buena" y solo la distribución se considere susceptible de ser mala (o buena), mas aceptar el debate en estos términos conduce a errores, y lo que se debe hacer, es clarificar de que se habla, en realidad, cuando se alude a estos temas.

Los que claman por la "injusta distribución de la riqueza" aceptan implícitamente que el juicio ético de riqueza es por definición bueno, de lo que se quejan, lo que en realidad quieren decir con el término "injusto" es, "desigual" o "in equitativo", vale decir, utilizan tres palabras y conceptos diferentes para designar una misma cosa o idea. Bastará pues, referirse a la desigualdad de rentas y de patrimonios, porque lo que en verdad motiva la queja de estas personas, es la existencia de desigualdades entre las rentas y patrimonios de las personas, lo que ellos reducen, a su vez, al término "riqueza". El "problema", consiste –en definitiva para el socialista- en que la gente no es igual de rica, lo que es cierto, pero afirmar tal cosa y quedarse con ella, implica, sin mas, una simplificación inadmisible, porque debería ser evidente para el quejoso, que la gente no es igual de rica, sencillamente, por un hecho que ellos reputan natural en todos los demás aspectos humanos (menos en el económico) y es la evidencia irrefutable que la gente no es igual...en nada.

Como dijimos, en general, los socialistas no suelen referirse al hecho de que la gente es diferente en todo, curiosamente, en tanto guardan silencio respecto del hecho de las diferencias biológicas, psicológicas, anatómicas y físicas de las personas, y en algunos casos las admiten como naturales en forma expresa, solo se centran en las económicas, atacándolas.

Excepto el supuesto de mala fe, solo la ignorancia puede sostener que alguien que es diferente en todo lo demás, "deba" ser igual en lo económico, no se comprende que lo económico no es mas que el resultado de aquellas diferencias naturales, o sea, las biológicas, psicológicas, anatómicas y físicas de las personas.

Pero, dejando de lado lo anterior, ¿iguales a quiénes deberíamos ser todos, según los marxistas? Según ellos, a los ricos. Pero, nuevamente, la realidad nos indica que los ricos son ricos porque son diferentes a los pobres y que si las diferencias naturales no existieran, no habría ricos o no habría pobres, todos seriamos ricos o todos seriamos pobres. Mas lamentablemente, la naturaleza existe, y para nuestra dicha o pesar, la naturaleza es dispar, diferente, desigual. Y para mayor infortunio de los socialistas, el hombre, todos los hombres, todos los humanos en rigor, pertenecemos a ese mundo natural diferente, dispar, disímil.

Ergo, el socialismo es contra natura, al negar la evidencia de la diversidad natural. Pero, a su vez, es inconsistente, al aceptarla, aunque sea tácitamente, en muchos aspectos vitales, menos en el económico.

6. Mercado y distribución

Como dijimos otras veces, solo hay un caso en que la distribución puede realmente calificarse de injusta, y esto es, cuando se la obstruye o bien directamente se la impide, lo cual a su vez, solo puede ocurrir mediando el uso de la fuerza, en este ultimo caso, la distribución se altera porque el uso de la fuerza, en general, se ejerce contra el proceso dentro del cual la producción se genera, es decir, el proceso de mercado. Recordemos que cuando aludimos, sin mas, al fenómeno cataláctico "producción", en dicha expresión, implicamos los conceptos "producción / distribución" en el sentido dado por la escuela austriaca de economía, de un solo fenómeno con dos aspectos o (en términos de Alberto Benegas Lynch (h)) las dos caras de una misma moneda. El mercado es el proceso dentro del cual tiene lugar la producción y distribución de bienes y servicios, esto, a su vez, se hace posible por la existencia de miles de millones de arreglos contractuales en el sentido más amplio de la locución, desde el mas cotidiano (comprar caramelos en un kiosco) hasta el mas grande y complejo (industriales, empresariales, etc.).

A mi criterio, este es proceso es justo, cuando es libre y voluntario, o sea, no coactivo, y deja de serlo, cuando se obstruye -o directamente se impide- el ejercicio de la libertad y voluntariedad de los agentes que en él intervienen, esto es lo que marca las diferencias entre una economía libre y otra intervenida o dirigida, y por lo tanto –en mi opinión- entre una economía justa y otra injusta.


[1] Producción y distribución, como hechos económicos separados o diferentes, parte de ideas elaboradas por el célebre economista ingles John Stuart Mill, autor clásico cuya influencia en el tema ha perdurado hasta nuestros días, a tal punto que aun hoy en las facultades de economía se continúa enseñando este tema conforme las doctrina que diera Mill hace mas de doscientos años.

[2] Véase, v.g. Socialismo de mercado, en Libertas, edición semestral de ESEADE.

La pobreza

Por Gabriel Boragina ©

La pobreza. 1

1. Introducción 1

2. Tres falacias. 1

3. Breve refutación. 2

4. Crecimiento y desarrollo. 3

5. Capitalización. 3

1. Introducción

Cuando afirmamos que la pobreza es la condición natural del hombre, en modo alguno ello implica, a su vez, como algún malintencionado tergiversador ha dicho, que debamos resignarnos a esa suerte. Como liberal capitalista, considero que la pobreza es un mal y que debe erradicarse, para lo cual deben utilizarse los medios idóneos para ello, ya que no cualquier mecanismo ideado por el hombre resulta eficaz para erradicar la pobreza en el mundo.

A pesar de que todo el mundo cree saber que es la pobreza, lo cierto es que, las explicaciones, discursos, conferencias y lecturas que profusamente circulan sobre el tema, demuestran, mayoritariamente, que si bien todo el mundo habla y condena la pobreza, sorprende, a la vez, el hecho de que tan pocos, de los que hablan y condenan, sepan realmente que es y en qué consiste la pobreza.

Naturalmente, si no se conoce el problema a fondo, de ningún modo podrán proponerse soluciones de fondo, y es esto lo que se advierte, con alarmante frecuencia, en la mayor parte de las exposiciones que pueden leerse y escucharse sobre la pobreza.

Un criterio simple para definir la pobreza es por exclusión, la pobreza es ausencia de riqueza, y esta es una verdad que, como la gran mayoría de las verdades simples, o de sentido común, no son percibidas por el hombre. De allí, que se haya repetido que el sentido común, es a veces, el menos común de los sentidos, quizás por la manía humana de problematizar absolutamente todo asunto social.

2. Tres falacias

Pero aun admitiendo que se acepte la anterior definición de pobreza, el mayor obstáculo que advierto para poder solucionar este problema es la admisión de varias falacias económicas que se alzan como barreras infranqueables para un adecuado estudio de la pobreza y su solución. Tres de estas falacias saltan a la vista como las más dañinas, la primera es el Dogma Montaigne, la segunda es la falaz distinción entre producción y distribución, y la tercera es la aceptación de la teoría del valor-trabajo, también conocida como teoría laboral del valor. Estos gravísimos errores económicos no son percibidos como tales, sino todo lo contrario, y es, en gran parte, lo que ha impedido avances productivos en la lucha contra la pobreza.

El dogma de Montaigne se resume en su célebre fórmula, por la cual "la pobreza de los pobres es consecuencia de la riqueza de lo ricos". Su gazapo reside en su visión estática de la economía, centrándose en el lado monetario de la transacción, Montaigne fue un destacado mercantilista del siglo XV, y como se sabe, los mercantilistas solo consideraban "riqueza" al dinero, en aquella época, metálico. Aquí residía precisamente el error, porque el dinero no es riqueza, sino tan solo un medio de cambio, representando la riqueza, pero no confundiéndose con ella. La verdadera riqueza reside en los bienes y servicios producidos en el mercado. El dinero, simplemente, es un medio para intercambiarlos.[1]

De la falacia producción-distribución como fenómenos separados ya hemos hablado otras veces, y como señaló reiteradamente el profesor Benegas Lynch (h) este error partió de la distinción formulada por el economista inglés John Stuart Mill en el siglo XVIII, al sugerir que producción y distribución consistían en fenómenos aislados, separados y separables, dados en tiempos diferentes. La moderna economía austriaca evidenció que esto en modo alguno era así, sino que, producción y distribución son dos fenómenos inseparables e indivisibles, como las dos caras de la moneda, y que no son tampoco sucesivos en el tiempo, sino simultáneos.

La tercer teoría destructiva es la teoría laboral del valor, su formulación ya se encuentra en los trabajos de los célebres economistas clásicos Adam Smith y David Ricardo y su consagración tiene lugar con Karl Marx, que la toma de aquellos y hace de ella la columna vertebral de su propuesta: el comunismo socialista. Esta errónea tesis, afirma que el valor económico de todo bien producido en el mercado, procede del trabajo, lo que fue refutado por los economistas marginalistas ya en 1871 con los trabajos de Carl Menger, fundador de la escuela austriaca de economía, no obstante, la demolición final de la teoría laboral del valor, llegó de la mano de uno de sus más brillantes discípulos, Eugen E. von Böhm Bawerk. Modernamente, si bien ya casi no quedan escuelas económicas que sostengan la validez de esta teoría laboral del valor, su difusión fue tan enorme, que aun hoy, es implícitamente aceptada por las legislaciones de casi todo el mundo, además de encontrarse profundamente arraigada en la conciencia popular.

La vigencia y amplia aceptación de estas tres tesis y sus desarrollos y ramificaciones posteriores, son a mi modo de ver, los obstáculos más grandes que impiden la erradicación de la pobreza en el mundo. Las he presentado cronológicamente en orden de aparición, y sin duda, el marxismo es la coronación de las tres teorías, en efecto, el marxismo (y su derivado el socialismo comunista) como doctrina, no hubiera sido jamás posible de no haberse aceptado las tres formulaciones precedentes, a saber el Dogma Montaigne, la falacia producción /distribución y la teoría laboral del valor. De alguna manera, el socialismo es la consecuencia lógica del mercantilismo, el re-distribucionismo de Mill, y de la teoría laboral del valor de Smith y Ricardo, ya que adopta sin cuestionar ni revisar, a todas ellas, todas falsas, como la moderna ciencia económica ha demostrado cabalmente.

3. Breve refutación

En efecto, la riqueza no es estática sino dinámica, siempre tiene dos aspectos y no uno como creía Montaigne, producción y distribución no son dos fenómenos separados sino un fenómeno único, y por ultimo, el trabajo no crea valor, sino que ocurre exactamente a la inversa: el valor crea trabajo. Es no comprender estos descubrimientos de la economía moderna y seguirse aferrando a la antigua, lo que perpetua la pobreza en el mundo, y de ello, son tan culpables los académicos que aun propalan las antiguas y falsas doctrinas, como los intelectuales y dirigentes que por ignorancia o mala fe se sirven de ellas con fines inconfesables.

Mas, es importante aquí aclarar que la riqueza, la producción, la distribución y el valor, se comportan de la manera descripta bajo ciertas condiciones a saber: mercados libres e inadulterados, en mercados intervenidos, la riqueza, la producción y el valor se alteran y tienden a desaparecer, en la medida que la intervención en el mercado sea mayor, o más claramente, en la medida que el mercado sea con mayor grado interferido.

Resumiendo, estas falacias solo son falacias en una contexto libre de coacción, mas se tornan verdaderas cuando el contexto está coaccionado y es coercitivo.

Hay excelentes refutaciones más exhaustivas que esta, pero desarrollarlas aquí excedería el propósito de este breve resumen del tema.

4. Crecimiento y desarrollo

Si bien crecimiento y desarrollo son dos conceptos diferentes (aunque a menudo se los trata como sinónimos) no son excluyentes, pueden ir juntos o por separado, la diferencia radica -a mi juicio- en que, en tanto crecimiento es un concepto cuantitativo, el desarrollo es cualitativo, otra forma aceptable de marcar diferencias –aunque menos clara que la primera- es señalar que el crecimiento de ciertas variables económicas importan un desarrollo en su conjunto, en este sentido, el desarrollo sería abarcativo y comprensivo del crecimiento de las partes, pero en ultima instancia sería pasible de la critica por la cual crecimiento y desarrollo serian en este sentido, sinónimos.

En lo que a mí respecta, cuando hable de crecimiento lo haré en un sentido puramente cuantitativo, y cuando me refiera al desarrollo lo haré en el cualitativo, y como ya aclaré antes, en mi opinión, pueden ir juntos o bien separados. Y esta distinción me parece más fundamental todavía en el tema de la pobreza, donde se ve mas claro aun, por ello sostengo que si bien la pobreza puede crecer no se puede desarrollar, justamente por la diferencia que hago entre el carácter cuantitativo del crecimiento y el cualitativo del desarrollo. El desarrollo sería un indicador claro de un decrecimiento de la pobreza, en tanto un crecimiento de la pobreza estaría señalando un retroceso, subdesarrollo o infra-desarrollo, mas preciso aun, es asociar la palabra desarrollo con progreso, mas decir que un mayor desarrollo indicaría un menor crecimiento o decrecimiento de la pobreza no nos dice mucho sobre la manera de lograr dicho desarrollo porque con ello en realidad estamos indicando mas los efectos de los fenómenos que las causas de ellos.

5. Capitalización.

Condiciones sine qua non para el desarrollo de cualquier unidad económica, son el ahorro y la inversión, entendiendo por ahorro "producción no consumida" con lo que advertimos que, en rigor, el primer paso a dar en cualquier economía que se precie de sana, es el incremento de la producción. Mas allá de distinciones técnicas y contables, praxeológicamente, el capital son herramientas físicas o mentales, aunque en precisión y como señalara en forma brillante el profesor Ludwig von Mises, es la mente en ultima instancia, la creadora del capital físico, razón por la cual, he sostenido, que debería considerarse a la mente humana como capital originario, y todas las demás creaciones materiales humanas como capital derivado. La pobreza, se reduce en consecuencia, y en mi opinión, cuando el capital originario (mente humana) produce capital derivado, herramientas primero y en segundo lugar tecnología, que no viene a ser ninguna otra cosa que herramientas de mayor sofisticación, esta criterio tiene bastantes puntos de contacto con el del profesor español Dr. D. Juan Carlos Martínez Coll, desarrollada en su libro "Las Flechas" si bien el Dr. M. Coll la reduce a información.

Basado en lo dicho, designaré a la acumulación de bienes de capital con la palabra capitalización. Mas, se preguntará quizás el lector algo ajeno a estos temas económicos, ¿qué tendrá que ver la capitalización con la pobreza?. Pues la respuesta es que TODO, ya que la pobreza es -precisamente- un fuerte indicador de ausencia o falta de capitalización, de donde se desprende que la solución al problema de la pobreza es, precisamente, la capitalización, o en otras palabras, la pobreza solo puede combatirse eficazmente con una prolongada, creciente y sostenida capitalización.

Pero ¿por qué es importante la capitalización para combatir la pobreza? Por la sencilla razón de que la única manera de producir abundantes bienes de consumo es mediante la existencia de los apropiados y abundantes bienes de capital, y la pobreza se caracteriza por la falta de bienes de consumo que a su vez es indicador de falta de bienes de capital, resumiendo, para tener mas consumo (igual a menor pobreza) es imprescindible disponer de mayores capitales, de donde podemos construir la siguiente ecuación:

DK ®DC = ÑP

(Incremento del Capital implica Incremento del Consumo, todo lo cual es igual a Menor Pobreza)

Recordemos que esto es exactamente lo contrario a la formulación keynesiana, donde:

DC ®DK = ÑP

lo que necesariamente es falso, ya que el consumo jamás puede producir bienes de capital, toda vez que no se puede consumir lo que jamás ha sido producido.

La realidad es la inversa, por cuanto:

DC ®ÑK = DP

En otras palabras, si lo que se dice es, que a mayor consumo el capital crece, se esta partiendo del supuesto –necesariamente- que existe, ex ante, un stock de bienes de consumo, obviándose que este stock de bienes de consumo, debió haber sido producido en un momento anterior por bienes de capital, en otras palabras, aceptar la formulación keynesiana es poner el carro delante del caballo. Aquí el error keynesiano a mi juicio, es confundir consumo con demanda.

Otro error no menor, es confundir capital con bienes de capital, lo correcto es formular las distinciones adecuadas y así clarificar que, cuando hablamos de capital, nos referimos al stock de bienes existentes en un sector, región o país determinados, en la acepción amplia de la palabra capital, comprendemos tanto bienes de consumo como bienes de capital propiamente dichos, por lo que es mas preciso, denominar a estos últimos como bienes de producción o mejor aun, factores de producción, reservando la palabra capital para el conjunto total de bienes.

Sentado esto, la propuesta keynesiana vuelve a ser falaz, porque el mayor consumo no incrementa el capital, sino que, por el contrario, lo decrementa, y esto se debe –nuevamente- a la confusión que hacen los keynesianos entre demanda y consumo, que no son en modo alguno sinónimos.


[1] Ampliar este tema en Mises Ludwig von, La acción humana. Un tratado de economía. 1980, Unión Editorial, Madrid, y Alberto Benegas Lynch (h), Fundamentos de análisis económico. Ed. Abeledo Perrot, 9º edición. Buenos Aires.