Temas relacionados con la economía, nacional o internacional, ya sean coyunturales o meramente vinculados a la teoría económica, mas específicamente referidos a la cataláctica.
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El mito del pueblo trabajador
El mito del pueblo trabajador.
Argentina
La crisis como respuesta
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Monopolios
El poder de los grupos económicos.
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Argentina
El consumo como "función" del empleo
Por Gabriel Boragina ©
El gobierno argentino, co-ejercido por el matrimonio Kirchner, ha hecho un "llamado" a la población en medio de una de las crisis económicas más dramáticas vividas por el país, a fin que se esfuerce por consumir más, si no quiere perder el empleo.
La oportunidad es propicia para volver a desmisitifcar (una vez más) la falacia de la "función consumo-empleo" que es la que el gobierno argentino pretende esgrimir nuevamente. Como ya es sabido, esta popular falacia fue y sigue siendo uno de los mitos más caros del keynesianismo. Supondremos que el lector conoce a fondo la teoría keynesiana para no detenernos a explicarla in extenso ya que ello desbordaría nuestros objetivos al momento. Nos sujetaremos únicamente en la clarificación de la cuestión actual abordada en nuestro título, el cual es solo un aspecto de las demás falacias keynesianas.
El consumo depende del ingreso, en cierta medida, pero el ingreso no depende del empleo, sino de la producción con destino al intercambio, lo que nos remite a la –tantas veces olvidada- sabía Ley de Say que –resumidamente- dice que toda oferta crea su propia demanda. En otros términos, esto equivale a expresar que, a los fines de generar un ingreso, debo primero producir un bien o servicio que sea valorado en el mercado y que -a su vez- tenga aptitud para ser intercambiado por otros bienes y servicios, los cuales -en definitiva- constituirán mi ingreso. En otras palabras, lo que genera el ingreso no es el empleo sino la producción, habida cuenta que todo empleo puede ser productivo o improductivo, solamente el empleo productivo tendrá la aptitud suficiente como para originar un ingreso y siempre y cuando esa producción sea su vez apta para su intercambio creando una demanda, conforme a la Ley de Say citada. Dicho de otro modo, solo puedo demandar cuando tengo algo para dar a cambio por mi demanda y ese "algo" será mi propia producción, es decir mi ingreso.
El empleo, por si mismo, en los términos en que John M. Keynes lo concebía, no es apto para generar un ingreso, más aun, si se tiene en cuenta que J. M. Keynes se refería al empleo en los términos en que se lo concibe corrientemente, es decir, el empleo por cuenta ajena, dejando de lado el empleo por cuenta propia. El error de J. M. Keynes consistió -entre muchos otros- en haber aceptado, expresa o implícitamente lo mismo da para el caso, en este punto la equivocada teoría laboral del valor formulada por Karl. Marx y F. Engels. Según esta última, la fuente de valor de los bienes y servicios provenía exclusivamente del trabajo obrero (es decir, el empleo) y de allí quedó sentado como dogma hasta la actualidad dicha falacia. Esta es una noción estrecha de "empleo", que restringe el uso de este vocablo únicamente al trabajo en relación de dependencia y por cuenta ajena, más precisamente al trabajo obrero, y pierde de vista que todo trabajo (obrero o no) es en relación de dependencia y siempre lo es por cuenta ajena[1], excepto en las sociedades autárquicas donde no existe la división del trabajo, o esta es muy rudimentaria.
Volviendo a la desmitificación de la falacia "consumo-empleo" solo se puede consumir más cuando existe ex-ante un volumen de producción que permite un mayor consumo ; si esa producción disminuye drásticamente -como sucede y sigue ocurriendo en el caso argentino- es ilusorio e infantil que el gobierna diga que el mayor consumo permitirá "conservar" los empleos de la gente. Lo que determina el empleo no es el consumo, como creía Keynes y los gobernantes argentinos, sino el ingreso, y este a su vez depende de la producción, que -a su turno- existirá en la medida que aparezcan empresarios dispuestos a invertir su capital. Y -reiteramos- no es esto lo que está sucediendo en la Argentina pese a lo que los Kirchner digan otra cosa.
Por lo demás, como ya han señalado agudos economistas, el ingreso -sea el del empresario en forma de ganancia o del empleado en forma de salario- se encuentra afectado por el nivel de productividad del conjunto de la economía y por la tasa de intercambio de lo producido ; todo ello -a su vez- depende del marco económico-jurídico-legal imperante en la región ; en el caso que nos ocupa, el matrimonio Kirchner en Argentina se ha encargado de impedir, obstaculizar y obstruir, tanto la inversión como la producción y el nivel de transacciones de la economía, con diferentes medidas de índole legal todas ellas restrictivas a la circulaciones económica.
No tiene sentido alguno pedir a la población que consuma cuando el gobierno desconoce las altas tasas de inflación existentes, aumenta la presión impositiva, creando nuevo gravámenes y subiendo las alícuotas de los existentes, traba las exportaciones de bienes primarios y secundarios y recurre a permanentes confiscaciones, como ha sucedido con las últimas medidas adoptadas contra el sector agropecuario y agrícola ganadero y la confiscación de los fondos de pensión privados de los ahorristas, entre tantas otras.
Hay bastante más que decir del asunto en este sentido, como -por ejemplo- que al reducirse la producción en razón de las políticas activas del gobierno, el stock de bienes y servicios será menor, en consecuencia, los precios subirán, por efecto de la escasez de la oferta; ergo, ello hará que los ingresos sean retraídos en términos reales, lo que -seguidamente- dará como resultado una nueva y más profunda caída del nivel de consumo.
Sin embargo, el discurso del gobierno Kirchner desconoce en forma reiterativa todos estos efectos, aun cuando no dejan de sucederse delante de sus propias narices.
Medidas como las señaladas -y otras más que sería extenso enumerar ahora- no hacen más que reducir el nivel de ingreso de la economía en su conjunto, pero afectan en mayor grado a las personas de ingreso más bajos, a la sazón, los asalariados, quienes son los primeros y los más perjudicados con semejantes disposiciones emanadas del gobierno. El contexto general, altamente recesivo y la incomprensión o tozudez (resulta indistinto cual de ambas, frente a idénticos resultados) de los gobernantes en adoptar políticas desregulatorias en los sectores claves de la economía, hacen vacuas declaraciones como las que emite la dirigencia política desde sus más altos niveles.
Gabriel Boragina es autor –entre otros- de los siguientes libros: La Credulidad, La Democracia, Socialismo y Capitalismo , etc.
El mito del crecimiento
Por Gabriel Boragina ©
El gobierno argentino habla repetida e incasablemente del supuesto "crecimiento" que como "logro" se habría obtenido durante la presente gestión. Lamentablemente, muchos autores, periodistas y hasta economistas, parecen creerle. Los mas críticos admiten tal fantasmal crecimiento pero agregan otros aspectos que serían más importantes y desfavorables a la gestión de gobierno.
Nosotros negamos tal falacia del crecimiento; para justificar esta aserción lapidante podríamos dar muchas explicaciones técnico económicas, estadísticas teóricas y prácticas; pero la idea en el estrecho margen de esta breve nota, no es que el lector tenga que hacer un curso completo de economía para poder entendernos, sino que, mediante el mas sencillo expediente del uso de la razón, le permita ver porque motivos no ha existido el crecimiento que el gobierno dice haber "logrado".
Cabe primero preguntarse ¿de qué tipo de "crecimiento" se habla?. Las cosas no son tan simples como parecen, porque existen muchas clases de crecimiento. Para comenzar, digamos que en economía, manejamos dos grandes magnitudes de crecimiento, a saber: el crecimiento absoluto y el crecimiento relativo.
Una comunidad, país, región, lugar, etc. , es próspero y floreciente, cuando ha habido un sostenido crecimiento absoluto de la economía. No es el caso argentino, donde solo encontramos un importante crecimiento relativo. ¿Y que es un crecimiento relativo? Básicamente, se habla de crecimiento relativo –en economía- cuando algunos sectores, o personas crecen a costa de otros, lo que en otras palabras, implica a decir, que en el crecimiento relativo, algunos crecen porque otros decrecen y viceversa. Este es, sin duda, el caso argentino. Pudo haber un crecimiento sostenido, pero al ser RELATIVO, sus efectos no solo no han alcanzado al conjunto de la población, sino que han beneficiado a unos en perjuicio de los demás. Afirmar que esto es un "logro" político, -como lo dicen los afectos al gobierno- es una aseveración aventurada y -para mi- enteramente disparatada.
En este periodo, hubo crecimiento relativo, pero no absoluto. Muy bien. Ahora el lector querrá saber en que consiste el crecimiento ABSOLUTO, y se lo diremos, simplemente, en lo contrario al relativo, es su inversa directa, ¿sencillo verdad? Claro que si! Como todo aquello que implique el uso racional de las palabras, de allí que advertí al lector al comenzar, que tan solo utilizando la razón podría por si mismo desentrañar lo que íbamos a explicarle. Pero le diremos mas aun. Veamos mas de cerca al crecimiento absoluto.
Suele confundirse el crecimiento ABSOLUTO con el crecimiento igualitario y esta confusión es incurrir en un grave error. Para entender la diferencia, será necesario percatarse, comprender y aceptar, que ni en la naturaleza, ni en la vida, ni en relaciones sociales, nunca existió, no existe, ni existirá jamás, nada parecido a algo "igualitario". Lo "igualitario", es una completa entelequia, una enorme falacia, un gran embuste histórico, filosófico, político e incluso, económico. Ninguna de las medidas políticas históricas, desde el comienzo de los tiempos hasta el presente, logró jamás la igualdad económica (ni ninguna otra, pero ahora estamos hablando de economía y nos circunscribiremos a esta cuestión).
El tema del crecimiento se entiende mejor con un ejemplo sencillo. Supongamos (para simplificar) que hay un país con dos personas P1 y P2. En el momento 1 (M1), los ingresos de P1 y P2 son respectivamente $ 100 y $ 120, en el momento 2 (M2), los ingresos de ambos pasan a ser respectivamente $ 120 y $ 150.
Este es un claro ejemplo de lo que en economía llamamos crecimiento ABSOLUTO (por favor ¡no confundir con igualitario!) ambas personas han crecido en términos absolutos (pero no igualitarios) han mejorado sus ingresos y patrimonios con relación al momento 1.
Veamos ahora un ejemplo de crecimiento relativo (como el que tuvo Argentina en este periodo). Volvamos a nuestros dos pobladores P1 y P2, que ahora pasarán a ser dos argentinos cualesquiera. Habíamos dicho que en M1 sus ingresos y/o patrimonios, fueron de $ 100 y $ 120, respectivamente; en un esquema de crecimiento relativo en M2 los ingresos de P1 y P2 serán -por ejemplo- de $ 90 y $ 180 respectivamente. Exacto, P2 ha crecido en forma inversamente proporcional al decrecimiento de P1, en este caso, la relación es inversa y no directa, otra de las enormes diferencias entre ambos tipos de crecimiento, relativo y absoluto.
Ahora bien, si transmutamos los valores P1 y P2 por los diferentes grupos de argentinos (por ejemplo, podemos llamar P1 a los obreros, P2: empresarios, p3: docentes, p4: burócratas, p5: militares, p6: sindicalistas, p7....etc.) y a los $ 100 y $ 120 originales (y a sus variaciones) les ponemos a la derecha todos los ceros que nos agraden, tendremos una exacta representación de lo que ocurre en cualquier parte del mundo en materia económica, incluso, claro está, también en la Argentina.
Ahora es fácil entender porque, en la Argentina el "crecimiento" del que tanto se habla, fue relativo y no absoluto, porque solo benefició a unos pocos, a costa del resto de los argentinos. Puede decirse mucho mas en abono a esta explicación -forzosamente breve y sencilla por el medio al cual va destinado-, incluso, como les decía al principio, puedo argumentar más y mejor todo esto, con abundantes términos técnicos y complejas fórmulas matemáticas, cuadros estadísticos, matrices, etc. Pero creo que lo aquí dicho es lo suficientemente claro y representativo como para que los amigos lectores y lectoras, no se dejen engañar por el discurso mentiroso de un gobierno que carece de cualquier clase de catadura moral.
Los crecimientos relativos son obtenidos por la mayoría de los países del mundo por razones muy diversas y que la mayor parte de las veces tienen que ver con el grado de libertad que tenga la economía del lugar donde se lo analice. La experiencia permite advertir que, a mayor libertad económica mayor crecimiento absoluto. A menor libertad económica mayor crecimiento relativo. El ideal, la meta de toda persona de bien, es apuntar al crecimiento ABSOLUTO y desechar el relativo, porque el crecimiento relativo, implica –siempre- una injusta distribución de riqueza y mayores niveles de pobreza. En las economías libres, llamadas generalmente economías de mercado, el crecimiento económico siempre es absoluto, es decir, beneficia al conjunto.
Este no ha sido el caso argentino -en modo alguno- durante el último periodo presidencial. Lo que asusta (y mucho, y cada vez mas) es que el gobierno siga insistiendo en lo contrario, cuando todos los indicadores económicos y la realidad objetiva misma, más evidente, se lo niegan en forma terminante. Y es mucho más pavoroso todavía que pretendan seguir en el poder –si bien con recambio de candidatos- machacando en este modelo de pobreza y marginación (crecimiento relativo) donde unos pocos crecen a costa del decrecimiento de la mayoría. Esperamos y rogamos a Dios que no les permita continuar hambreando al pueblo argentino.
El Tao de la economía
Por Gabriel Boragina ©
Tomé prestado este titulo de un libro que acabo de leer titulado El Tao de la física, cuyo autor es el físico europeo Fritjof Capra. Se trata de un libro interesante, donde su autor se propone analizar los paralelismos (como él los llama) existentes entre la física y el misticismo oriental. Llegué a este libro casualmente, en virtud de mi actual interés en el estudio y análisis de los paralelismos entre la economía y otras ciencias, de donde derivó –también fortuitamente- otro interés subsidiario por la correspondencia entre la economía y el misticismo. Es decir, Capra y yo mantenemos "en común" el estudio de los paralelismos, diferimos en cuanto al objetivo de nuestras comparaciones: en tanto él compara la física con el misticismo oriental, yo comparo la economía con otras disciplinas, sin excluir las místicas.
El trabajo de Capra es serio, aunque no exento de fallos y, por sobre todo, numerosas contradicciones (incluso autocontradicciones), en especial en el terreno filosófico. Su exposición de los rudimentos de la física cuántica y relativista es, por demás, impecable, principalmente, por lo simple y clara para un lego como yo. En cualquier caso, es un libro recomendable para el lector interesado en las ciencias alternativas, aunque en rigor, este no es el tema de su libro.
Sin embargo, mi interés por las comparaciones entre ciencia y espiritualidad, no surgió con la lectura de este libro, sino con la de otro libro, cuyo autor es mi ex profesor y amigo, mi tocayo Gabriel Zanotti, titulado "Economía de mercado y la Doctrina Social de la Iglesia", puedo decir que fue mi primer contacto con un parangón entre aspectos que -hasta la lectura del libro del profesor Zanotti- creía completamente divorciados.
No hay ningún paralelismo entre los libros de Capra y Zanotti, excepto, el de buscar paralelismos, de hecho, las conclusiones a las que arriban Gabriel Z. y Capra son completamente disímiles. Y también difieren los objetos comparados. Zanotti coteja la economía austriaca con la DSI, en tanto Capra intenta hacer lo propio entre la física (en realidad, lo limita a la física cuántica y relativista) y el budismo hindú, El Tao chino y el Zen japonés. Como en el caso de Capra, el libro del Dr. Zanotti es altamente recomendable.
Lamentablemente, ambos autores son relativamente poco conocidos en el campo, tanto de la filosofía (el caso de G. Zanotti) como de la física (F. Capra) y a sus visiones se las considera alternativas, en el sentido de no convencionales.
En cuanto a lo económico, F. Capra solo hace tres menciones en "El Tao..." a mi juicio, imprecisas, confieso no haber leído sus libros posteriores, por ello, me limitaré a comentar sus escasas afirmaciones económicas en "El Tao de la física". Como el mismo F. Capra lo dice en su epilogo, su visión de la economía es ecologista, según él, no en un sentido convencional de esta palabra, sino "integral". Concretamente, critica la creencia en un ilimitado progreso material que puede ser alcanzado mediante el crecimiento económico y tecnológico, curiosamente, agrega que, según su opinión, Este paradigma que ahora está en retirada ha dominado nuestra cultura durante varios cientos de años, durante los que ha modelado nuestra sociedad occidental y ha tenido una significativa influencia sobre el resto del mundo.
Infortunadamente F. Capra no nos da aquí mas detalles acerca de cual sería, en concreto, ese paradigma económico. Tampoco puede establecerse con claridad, en que sentido F. Capra utiliza ciertos términos claves, tales como "ilimitado progreso material" por un lado, y "crecimiento económico y tecnológico" por el otro. Y esto era relevante, toda vez que si por "material" F. Capra alude a lo que en economía entendemos por bienes y servicios, infortunadamente, los hechos no le dan la razón a nuestro autor.
Pocas doctrinas económicas postularon –en la historia de la economía- un "ilimitado" progreso material, entendido éste ultimo, como aumento de bienes y servicios, sin embargo, entre ellas la más influyente de todas ha sido el marxismo, cuyo sistema estableció, que las "fuerzas materiales de producción" siempre produjeron y siempre producirían por la pujanza inexorable de la historia y del destino.
He estudiado con detenimiento el marxismo, el socialismo y el comunismo, y no voy a aquí a repetir las conclusiones a las que he llegado a través de mis estudios; hacerlo, convertiría este análisis en algo sumamente extenso, por lo que remito al lector interesado a la lectura de la publicación de mis trabajos.
Si este es "el paradigma" del que habla F. Capra en los pasajes transcriptos, estamos en completo acuerdo con él, mi discrepancia –en cambio- es absoluta en cuanto a que ese paradigma marxista "ahora está en retirada" creo que no, no está en absoluto en retirada, sino que sigue vigente y recuperándose de algunos traspiés sufridos en la década pasada.
Y si no es este el paradigma del que habla F. Capra en "El Tao.." no puedo advertir cual otro podría ser. En lo que al capitalismo se refiere, nunca postuló esta doctrina "ilimitados" progresos materiales, si, en cambio, los autores austriacos son contestes en que el progreso material solo puede venir de la mano del crecimiento económico y tecnológico, y para muchos de ellos se tratarían de sinónimos, en efecto, muchos autores, como mi amigo, el sociólogo argentino-venezolano Carlos Sabino[1], han sugerido que no habría disparidad alguna entre el progreso material y el crecimiento económico, y no me parece en absoluto una opinión descabellada.
Por mi parte, me he permitido hacer algunas diferencias entre los conceptos económicos de crecimiento y desarrollo, pero coincido con los autores de la escuela austriaca de economía que, en lo material, este solo puede venir por el lado de la economía. No conozco otro procedimiento de aumentar bienes y servicios si no es a través de medios económicos, es mas, la economía precisamente estudia esos procedimientos y se ocupa de esos medios. Y la palabra aumentar la utilizo aquí como sinónimo de crecer o de crecimiento; el crecimiento económico, lo defino pues, como el liso y llano aumento de bienes y servicios.
Los paralelismos
Como ya expresé arriba, mi amigo, el filósofo G. Zanotti hizo algunas comparaciones entre la economía de mercado y la Doctrina Social de la Iglesia (DSI) pero no llegó a la conclusión (hasta donde he entendido su trabajo) de la existencia de similitudes entre una y otra. F. Capra, comparando física y misticismo oriental, creyó haberlos encontrado.
F. Capra insiste, con inusitado énfasis, en que uno de los principales paralelismos entre la física moderna (así se refiere, en realidad, a la física cuántica y relativista) y el misticismo, es la creencia de ambos sobre la inter-conexidad e interrelación existente entre todos los fenómenos de la naturaleza, y más extensamente del universo.
Nuevamente, según el sentido que se les dé a estas palabras, este no parece ser un descubrimiento científico extraordinario, toda vez que desde el mas puro sentido común y desde la experiencia mas ordinaria, creo que podemos ser conscientes de la interrelación existente entre los hombres a través del entramado social. Claro que F. Capra habla, en rigor, de una interrelación física a nivel subatómico, pero si de interrelaciones físicas queremos hablar, estas son evidentes aun a nivel macroscópico, como puede ejemplificarse con el simple contagio de un resfrío; el contagio es un caso típico, evidente y constatado desde antiguo, de una típica interrelación o conexión física. Y no es, por cierto, la única evidente.
La economía es una ciencia social y "lo social" trata –precisamente- de interconexiones o interrelaciones entre entes físicos (los hombres) sujetos de la acción económica, por un lado, y los objetos intercambiados (bienes y servicios) también pertenecientes al mundo físico, o en términos de Karl. R. Popper, del mundo 1,[2] por el otro.
F. Capra podría replicarnos que esto no se refiere al mundo atómico y subatómico, que es de lo que, en definitiva, él nos quiere hablar, pero el punto es que F. Capra describe a la física clásica en términos de los cuales parece desprenderse que esta negaría toda interconexión e interrelación de fenómenos físicos y desde mi punto de vista -y sin ser físico- me resulta evidente que esto no es como nuestro autor lo presenta.
Tomemos el ejemplo típico de la física clásica para ilustrar mi punto; me parece indudable que la ley de gravedad, tal y como Sir Isaac Newton la formuló, describe una característica demostración de interconexión e interrelación entre objetos físicos; unos atrayentes y otros atraídos, es decir, hay una inconfundible interrelación de fuerzas, lo que me dice que los fenómenos de interrelación e interconexión –que F. Capra parece reservar a lo que él llama la física moderna- no es exclusiva de los sucesos atómicos y subatómicos, ni de la física cuántica o relativista. Mas bien parece ser algo que no solo ocurre a diario en el mundo macroscópico sino que hasta me parece de puro sentido común y constatable con la mera observación.
Objetos y procesos
Una de las conclusiones de F. Capra en el Tao de la física, es que la física moderna habría "descubierto" lo que los místicos orientales saben desde hace mas de 2500 años, por ejemplo, la naturaleza dinámica de la materia que, estaría mostrando que, en realidad, la materia no es un objeto (un "ladrillo básico" como F. Capra lo llama) sino un entramado de relaciones al que denomina proceso. Aquí si, parece existir un paralelismo importante con la economía, al menos la postulada por la escuela austriaca de economía.
En efecto, en contra de lo que el resto de las escuelas económicas sostienen, los austriacos siempre insistieron en que el mercado, no es una cosa, ni un lugar, ni una persona, ni siquiera la suma de un número de personas determinado, ni una institución, sino que se trata de un proceso de intercambio, en el cual los que se transfieren, tampoco son -en esencia- bienes y/o servicios, sino derechos sobre ellos.
La naturaleza dinámica de este proceso (el mercado), también ha sido otro aspecto en el que la escuela austriaca de economía ha puesto un gran énfasis, destacando la importancia de la fluidez de este proceso y la necesidad de preservar dicha fluidez y dinamismo.
Una de las criticas mas frecuentes que los autores economistas austriacos han debido soportar por parte del resto de las escuelas económicas es -precisamente- el no materialismo de la economía que postulan; en efecto, la economía austriaca no es mas que una rama de la praxeología, tal y como Mises se ha encargado de explicar[3] siendo esta ultima la ciencia de la acción humana en sentido lato.
Despectivamente, las escuelas rivales, la han llamado "la escuela de la economía abstracta", con evidente tono burlón, lo que demuestra la poca comprensión que sus críticos han tenido de sus postulados básicos.
Progreso y cambio
F. Capra encuentra otro punto de contacto entre la física moderna y el misticismo oriental en la importancia que ambos le asignan al permanente cambio; esto es una consecuencia directa –y hasta casi necesaria- del dinamismo del que hablábamos antes, sin embargo, no he notado igual énfasis con relación al progreso. El Tao de la física muestra una cierta indiferencia por el progreso al que, como vimos, aparentemente se lo asocia con "lo" material, y el análisis de F. Capra no da muestras de simpatizar demasiado con "la materia". El factor "cambio" que F. Capra encuentra tan similar entre la física y el misticismo, insinúa ser un cambio "cerrado" determinista (si bien tampoco aparenta ver con buenos ojos el determinismo, ya que se presenta como un firme partidario de la física cuántica) todo lo cual suena bastante contradictorio.
La economía austriaca, de su lado, no niega el cambio, por el contrario, lo afirma y le asigna un papel relevante, pero va mas allá, al no contentarse con declarar el cambio como una realidad insoslayable, sino que asevera que sin cambio no hay progreso, y no aprecia el cambio por el hecho de ser inherente a la naturaleza, sino como vehículo para llegar al progreso. En economía austriaca tenemos muy en claro que todo progreso implica cambio, pero que no todo cambio implica progreso.
El misticismo oriental, tal como lo presenta F. Capra, parece no valorar el progreso, al que se lo trata con bastante frialdad y en ciertos pasajes con alguna hostilidad. Según se nos cuenta en el Tao de la física, el cambio, que allí se dice en que coinciden física y misticismo oriental, es un cambio –como decíamos- cerrado (en el sentido que Karl R. Popper le da al vocablo "cerrado") de naturaleza cíclica y repetitivo, en economía diríamos un cambio del tipo de la suma cero. Quizás esta sea la razón por la cual F. Capra asocia las palabras progreso y crecimiento con lo "material", ya que a su vez, connota lo material con lo estático y lo inmutable. Creo que estas asociaciones terminológicas no son afortunadas, ni mucho menos exactas.
Ahora bien, la hostilidad hacia el progreso económico no parece ser algo privativo ni exclusivo de la mística oriental, sino que, frecuentemente, alcanza a la occidental; en efecto, los credos espirituales de occidente –con las excepciones, quizás, del calvinismo, algunas sectas protestantes y el judaísmo- muestran bastante desdén por el progreso y crecimiento económico, a los que también suelen asociar con el materialismo.
Entiéndasenos bien, no es que estemos afirmando que F. Capra niegue enfáticamente el progreso, sino que lo que decimos, es que pocas veces lo menciona, y cuando lo hace, sugiere asociarlo con la "materia" (en su sentido físico) y uno de sus postulados, tanto físicos como metafísicos, es que la materia "no existe", de donde se debe derivar, lógicamente, sin que F. Capra lo diga expresamente insistimos, que por ende, el progreso tampoco puede existir y no debería existir para F. Capra. Ello explicaría, de algún modo, las pocas menciones en el libro del término "progreso" y el menosprecio (o la indiferencia) con la que las pocas veces que se lo hace, se advierte.
Claro que esto es naturalmente contradictorio, en un contexto donde resulta evidente que el progreso material si, existe.
El proceso de creación de materia es algo evidente para mí y está bastante lejos de ser un círculo cerrado como el yin y el yan, que tanta admiración le ha causado a F. Capra.
Concluyendo, en la física que F. Capra describe como física "moderna", hay dinamismo pero sin progreso.
Creación y destrucción
En definitiva F. Capra pone énfasis en la idea que la naturaleza es un proceso de creación y destrucción permanente, lo que ejemplifica con el relato de experimentos de laboratorio y de aceleradores de partículas, de donde nos explica, que la forma de obtener nuevas partículas es haciendo colisionar unas con otras a grandes velocidades; estos ejemplo abundan en el Tao de la física
F. Capra, como buen físico, sigue el método hipotético inductivo, de allí que tiene implícito, que todo aquello que sucede en los experimentos de laboratorio, siempre es (y será) un reflejo necesario de lo que ocurre en la naturaleza. Este tipo de extrapolaciones inductivas es frecuente, no solo en el campo de la física, sino en la vida diaria. Es habitual en la praxis científica, confundir el laboratorio con la realidad y de allí concluir que todo aquello que ocurre en nuestros experimentos necesariamente ha de suceder de manera exactamente similar fuera del laboratorio.
Yo, desde una perspectiva algo más socrática, creo que solo podemos afirmar que aquello que observamos en el laboratorio puede –o no- ocurrir en el mundo real, y es todo lo que podemos afirmar acerca del asunto. Al respecto, resulta bastante ilustrativo este pasaje que tomo de un artículo de Leonard Or y Sondra Ray:[4]
LA VERDAD CIENTÍFICA
El método científico para encontrar la verdad consta de cuatro pasos:
1) Proponer una teoría.
2) Realizar un experimento, para probar esa teoría.
3) Comprobar esa teoría (esto se llama verificación)
4) Se comprueba las veces necesarias para verificar que siempre se obtenga el mismo resultado: y se constituye en LEY.
No obstante ¿quién determina cuántas veces es suficiente probar la teoría?. Ningún científico ha probado la mayoría de las leyes pensadas sobre el universo. Pero creen en ellas, por lo tanto son como una superstición. Un ejemplo perfecto es el de agua pura H2O.
La mayor parte de la gente piensa que H2O es la fórmula química de agua pura. Leonard Or hizo un experimento, en el colegio secundario, con agua pura y no salió bien. Su maestro le dijo: "bien, el agua no debe haber estado pura para empezar, e incluso si estaba pura, tus instrumentos pueden haber contenido restos de otros productos químicos, pero, si los instrumentos no estaban contaminados y el agua estaba pura, entonces los aparatos de medición de la clase no son lo suficientemente precisos para determinar la pureza del agua. Si quieres asegurarte que realmente tienes agua pura, tienes que hacer el experimento en un gran laboratorio".
Leonard, entonces se preguntó "Si la única manera de obtener agua pura es el laboratorio, como puede ser una LEY NATURAL? Si el agua pura no existe en la naturaleza, cómo puede ser entonces una ley natural?
El hizo el mismo experimento en la Universidad. El profesor le dijo: "Si no salió bien es porque hay otros elementos presentes, hay H3O (agua pesada), presente en todos lados, no puedes tener certeza nunca de que tienes un compuesto puro de H2O en el mundo real". Si los experimentos no salen bien, invalidan la teoría. Si el pensamiento es creativo, entonces el científico está creando leyes, y los experimentos funcionarán, mientras que el científico tenga la certeza de lo que va a producir, lo produce.
El punto es que toda ciencia es creada por científicos, porque son pensadores y, ya que tú también eres un pensador, eso te hace un científico. Tus leyes científicas específicas son tan válidas como las de cualquier otro científico. No hay ninguna ley sobre la que no puedas tener autoridad, y ello no está sujeto a la elección personal.
La experiencia que relatan Leonard Or y Sondra Ray parece coincidir con cierto "efecto cuántico" por el cual, el observador determina, de algún modo, el resultado del experimento, punto este que sostiene algunas veces F. Capra, pero que abandona otras, cuando afirma que lo que ocurre en el laboratorio es una réplica exacta de lo que acontece fuera del laboratorio. Sin embargo, creo que esto se puede afirmar solo de manera inductiva mediante una extrapolación, mas no puede aseverarse de forma categórica porque se refiere a hechos no observados.
[1] Carlos Sabino, Diccionario de Economía y Finanzas, Editorial Panapo, Caracas, Venezuela. Ver las voces "crecimiento" y "desarrollo".
[2] Karl. R. Popper, El universo abierto. Post Scriptum II a la lógica de la investigación científica. Ed. Tecnos, Madrid.
[3] Ludwig von Mises, La acción humana. Tratado de economía. Unión editorial, Madrid, 1980.
[4] El Poder Creativo de los Pensamientos. Por Leonard Or y Sondra Ray